
Camboya y Tailandia retoman combates fronterizos pese a mediación de Trump por disputa territorial
Una frágil esperanza de paz se tambalea en la frontera entre Camboya y Tailandia, donde los enfrentamientos armados, que han dejado 33 muertos y más de 170 mil desplazados, continuaron el domingo pese a la mediación del presidente estadounidense Donald Trump. Aunque ambos países expresaron su disposición a dialogar para alcanzar un alto el fuego, los combates cerca de dos templos disputados reflejan la persistente tensión en una disputa territorial que lleva décadas sin resolverse. La intervención de Trump ha generado expectativas, pero la reanudación de los disparos de artillería pone en duda la viabilidad de una tregua inmediata.
El conflicto, que escaló el jueves con el uso de aviones de combate, tanques y artillería, ha generado una crisis humanitaria en la región fronteriza. Periodistas en Samraong, a 20 kilómetros de la zona de combate, reportaron el estruendo de la artillería al amanecer del domingo, mientras una portavoz del Ministerio de Defensa de Camboya confirmó que los enfrentamientos comenzaron a las 04:50 horas. Según las autoridades camboyanas, los choques han causado 13 muertes, incluyendo ocho civiles y cinco soldados, además de 71 heridos. La evacuación masiva ha desplazado a más de 138 mil personas en Tailandia y 35 mil en Camboya, lo que llevó al Consejo de Seguridad de la ONU a convocar una reunión de emergencia el viernes.
La propuesta de Trump, quien desde Escocia confirmó haber dialogado con los líderes de ambos países, ha sido recibida con optimismo por el primer ministro camboyano, Hun Manet. Este destacó que la iniciativa estadounidense es “una buena noticia” para los soldados y civiles de ambas naciones, y encargó a su ministro de Relaciones Exteriores, Prak Sokhonn, coordinar con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, para avanzar en las negociaciones con Tailandia. Por su parte, el primer ministro interino tailandés, Phumtham Wechayachai, solicitó a Trump transmitir a Camboya la urgencia de un diálogo bilateral para establecer un alto el fuego y buscar una resolución pacífica.
La disputa, centrada en una frontera de 800 kilómetros salpicada de antiguos templos, ha sido un punto de fricción entre ambos países durante décadas. Entre 2008 y 2011, enfrentamientos similares dejaron 28 muertos y miles de desplazados, hasta que una decisión de la Corte Internacional de Justicia en 2013 favoreció a Camboya, apaciguando temporalmente el conflicto. Sin embargo, las tensiones resurgieron en mayo tras la muerte de un soldado camboyano en un tiroteo. Actualmente, ambos países se acusan mutuamente de iniciar los combates, con Tailandia denunciando ataques a infraestructuras civiles, como un hospital, y Camboya alegando el uso de bombas de racimo por parte de las fuerzas tailandesas.
En el ámbito internacional, la escalada ha generado alarma. Durante la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, Camboya exigió un “alto el fuego inmediato e incondicional”, mientras que el representante camboyano cuestionó las acusaciones tailandesas, argumentando que su país, menos desarrollado militarmente, no habría iniciado las hostilidades. Phumtham, por su parte, advirtió que una escalada mayor podría derivar en una guerra abierta. A medida que la región, conocida por atraer millones de turistas, se sume en la incertidumbre, la comunidad internacional observa con preocupación si las negociaciones mediadas por Trump lograrán frenar un conflicto que amenaza con intensificarse aún más.

