
Plantas parasitarias invaden la Reserva de la Biosfera de Cuicatlán; urgen la intervención de Semarnat
Unas 16 mil hectáreas de flora endémica en la Reserva de la Biosfera de Cuicatlán, localizada en la región de la Cañada, se encuentran en grave riesgo debido a la proliferación de plantas parasitarias que se han extendido sin control. Aunque se emitió una alerta temprana, las autoridades agrarias han señalado que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) no ha tomado acción al respecto.
Fernando Cruz Vásquez, presidente del Comisariado de Bienes Comunales de San Miguel Tequixtepec, protestó frente al palacio de gobierno en la ciudad de Oaxaca, exigiendo una audiencia con Alicia Bárcena Ibarra, titular de la Semarnat. Cruz Vásquez expresó su preocupación por la devastación de miles de hectáreas en la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán, causada por esta plaga de plantas parasitarias.
El líder agrario explicó que la plaga ha destruido completamente el arbolado de la Cañada Grande y del cerro del Gran Caracol, un sitio emblemático que da nombre a su comunidad en el idioma chocholteco. A esta problemática se suma la instalación, durante el gobierno de Ulises Ruiz Ortiz, de una mega granja porcina del consorcio Socorro Romero, con una producción de 30 mil lechones trimestrales. Según Cruz Vásquez, el proyecto, presentado como una promesa de progreso, dejó a la comunidad abandonada y sin apoyo.

Desde hace una década, afirmó, tanto el gobierno federal como el estatal han ignorado la plaga que afecta la reserva. Además, aseguró que las comunidades, particularmente los chocholtecos de Tequixtepec, han sido excluidas de los programas y estudios de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), lo que los ha mantenido al margen de las decisiones.
Uno de los problemas más graves es la proliferación de la plaga conocida como “gallinita”, que está destruyendo la vegetación y acelerando el proceso de desertificación en la Mixteca de Oaxaca. Esto ha agravado la escasez de agua, obligando a las comunidades a abandonar la agricultura.
Cruz Vásquez destacó que la flora de la región es escasa, centenaria y de características únicas. Su muerte no solo deja a las comunidades sin agua, sino que también genera vegetación seca que funciona como combustible para incendios forestales. A esto se suman fenómenos climáticos como heladas, que incrementan aún más el deterioro del ecosistema. “Si este proceso continúa, la situación será insostenible”, advirtió.

