
Simulación en fiscalización: la secretaria de Honestidad, Leticia Reyes, convertida en escudo de los funcionarios de Jara
La comparecencia de Leticia Elsa Reyes López, titular de la Secretaría de Honestidad, Transparencia y Función Pública, ante el Congreso de Oaxaca, resultó otro ejercicio de evasión política. En lugar de rendir cuentas sobre la actual administración, la funcionaria se limitó a reciclar expedientes de sexenios pasados. Esta vieja estrategia es recurrente cuando se busca desviar la atención de las crecientes denuncias de corrupción interna.
Durante su intervención, Reyes López se enfocó exclusivamente en los 4 mil 437 millones de pesos pendientes de solventar de las gestiones de Gabino Cué y Alejandro Murat. Si bien estas cuentas permanecen como “pendientes por solventar” en la Auditoría Superior de la Federación (ASF), utilizarlos como única bandera de fiscalización evidencia una falta de voluntad para auditar el ejercicio del gobierno de Salomón Jara. La Secretaría de Honestidad parece funcionar más como una oficina de arqueología financiera que como un ente fiscalizador.
La omisión más grave fue el silencio absoluto ante las múltiples denuncias que pesan sobre la Secretaría de Turismo, encabezada por Saymi Pineda Velasco. A pesar de los señalamientos por despilfarro en las Guelaguetzas de 2023, 2024 y 2025, Reyes López no presentó ni una sola auditoría puntual. El mensaje es que en el gobierno de Jara, la lealtad política pesa más que la transparencia.
Diputados de oposición y sectores sociales han documentado presuntos sobreprecios en contratos de souvenirs y conciertos, que superan los 64 millones de pesos. Sin embargo, para la Secretaría de Honestidad, estas pruebas no ameritan una investigación de oficio. Al calificar las críticas como “ información sin sustento”, la dependencia abandona su naturaleza técnica para asumir un rol de defensa partidista y encubrimiento institucional.
Asimismo, la sombra de las «empresas fantasma» o factureras planea sobre diversas dependencias del gabinete de Salomón Jara sin que existan consecuencias. Aunque en redes sociales y medios críticos se han expuesto redes de operadores que presuntamente replican esquemas de desvío de recursos, la secretaria Reyes López prefirió ignorar estos datos. No hay un solo expediente abierto contra funcionarios de alto nivel por estas prácticas.
Esta selectividad en fiscalización administrativa confirma que la lucha contra la corrupción en Oaxaca es, hasta ahora, un discurso de una sola vía. Se persiguen los fantasmas del pasado para ignorar los vicios del presente, permitiendo que el erario siga siendo vulnerado bajo nuevas siglas. La corrupción y la impunidad no ha desaparecido: simplemente ha cambiado de beneficiarios en el gobierno de la “primavera”.
La falta de investigaciones sobre el uso de recursos en obras públicas y contratos asignados a «compadres» debilita la confianza ciudadana. Reyes López presumió cifras de la Auditoría Superior de la Federación que corresponden a años anteriores, eludiendo su responsabilidad de vigilar el ejercicio fiscal actual. El Congreso local atestiguó una comparecencia técnica en datos, pero moralmente vacía de compromiso.
Tras la adversa consulta de revocación de mandato, el gobernador de Salomón Jara pidió a su secretarios y secretarias “hablar con la verdad” en sus comparecencias, pero la secretaria de Honestidad actúa como un filtro que protege al gabinete. Al no sancionar el presunto mal manejo de fondos en las fiestas de los oaxaqueños, la transparencia se vuelve una simulación. La rendición de cuentas no puede ser retroactiva si pretende ser creíble para el pueblo.
La crisis fiscal que tanto menciona la administración actual no se resuelve solo señalando las deudas heredadas de 17 mil millones. Se resuelve deteniendo el flujo de recursos hacia empresas de dudosa procedencia y castigando la corrupción, las factureras y el nepotismo vigente. Sin auditorías en tiempo real, Oaxaca está condenada a repetir el ciclo de saqueo que hoy la secretaría Reyes dice combatir con fervor.
La comparecencia dejó un sabor amargo: una entidad fiscalizadora que mira por el retrovisor para no ver el choque inminente frente a ella. Mientras no existan sanciones para los funcionarios de la administración de Jara, la «honestidad» seguirá siendo solo un nombre en el membrete de una oficina pública sin dientes.

