
Salomón Jara se burla de críticas por camioneta de lujo mientras Oaxaca sigue hundido en pobreza y abandono histórico
En un estado marcado por la pobreza extrema, el gobernador de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, se permitió este lunes minimizar y hasta burlarse de las críticas por su ostentación. Restó importancia a la polémica de su camioneta de súper lujo, calificando los señalamientos como parte de una “guerra sucia de la derecha”.
Durante la conferencia de prensa mañanera, Jara insistió en que su vehículo es “sencillo” y sin blindaje, contradiciendo reportajes que revelan su alto costo y tecnología de punta. En lugar de ofrecer explicaciones sólidas, optó por victimizarse, señalando a la oposición como responsable de una campaña para desprestigiar a gobernadores de Morena.
En un tono irónico, afirmó que la próxima vez acudirá “de huaraches” a Palacio Nacional, trivializando un tema que involucra recursos públicos. Esta burla exhibe su desconexión con la realidad de miles de oaxaqueños que, día a día, enfrentan carencias graves en salud, alimentación y servicios básicos.
Mientras hospitales carecen de insumos esenciales y comunidades permanecen marginadas, Jara llegó a la sede presidencial en la camioneta más costosa entre mandatarios estatales. Una Infiniti QX80 valuada en 2.4 millones de pesos, blindada y con internet, que le valió el mote de “el ganador del autoshow” en medios de la capital del país.

Otra camioneta “sencillita” usada por la familia.
La actitud del mandatario hoy es contraria a 2024, cuando ordenó cancelar una licitación de 12.6 millones para camionetas blindadas, calificando el gasto como innecesario. Sin embargo, hoy el gobernador disfruta de un vehículo de súper lujo, confirmando que el discurso de austeridad se diluye cuando se trata de su propio confort.
El ejemplo negativo se extiende a su círculo cercano. Una de sus hijas, siguiendo el ejemplo de su padre, se transporta en una camioneta Suburban de modelo reciente cuyo precio más bajo en el mercado oscila en 1.9 millones de pesos.
Noé Jara Cruz, hermano del mandatario, secretario de Gobierno del Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, recién adquirió un vehículo de más de 1.5 millones de pesos en apenas seis meses como servidor público, mientras la capital enfrenta problemas de agua potable, baches y recolección de basura.
Este patrón de ostentación familiar, amparado en cargos públicos, refleja un desprecio por las condiciones de vida de la población. La imagen de un gobierno cercano al pueblo se derrumba ante evidencias de lujos personales, incompatibles con la realidad de un estado que ocupa los primeros lugares en pobreza en México.
Las acciones y actitudes de Jara Cruz, más que responder a las necesidades urgentes de Oaxaca, revelan una prioridad clara: mantener privilegios y minimizar las críticas. En un contexto de desigualdad histórica, cada gesto de opulencia agrava la distancia entre el poder y la ciudadanía que, cansada, exige congruencia y resultados.

