POLÍTICA EXPRÉS | * Salomón Jara, el gobernador que presume lujos en la cara de la pobreza oaxaqueña

POLÍTICA EXPRÉS | * Salomón Jara, el gobernador que presume lujos en la cara de la pobreza oaxaqueña

En un estado donde la pobreza golpea al 66.4% de la población y casi una cuarta parte vive en pobreza extrema, el gobernador Salomón Jara Cruz decidió exhibir su “austeridad” llegando a Palacio Nacional en la camioneta más cara, blindada y con internet, valuada en más de dos millones de pesos.

Y en lugar de ofrecer una disculpa o reconocer su falta de sensibilidad, el mandatario de origen indígena prefirió mofarse de los señalamientos. Declaró que todo era “guerra sucia de la derecha” y que su vehículo es “sencillo” y, además, rentado, lo que es un embuste. Incluso bromeó que la próxima vez iría en huaraches, como si la burla fuera un argumento.

La frivolidad es ofensiva cuando Oaxaca sigue con hospitales sin insumos básicos, escuelas en ruinas y comunidades marginadas que no tienen acceso a agua potable ni a servicios médicos. El contraste entre el lujo del gobernador y su familia y la miseria de su gente refleja un desprecio evidente hacia la realidad social que lo rodea.

Lo más grave es que este no es un hecho aislado. La cultura del privilegio se replica en su círculo cercano. Sus hijos y esposa se desplazan en vehículos de alta gama, con blindaje y una nube de escoltas, todo con cargo del erario y los contribuyentes oaxaqueños. 

Su hermano, Noé Jara Cruz, compró una camioneta de de 1.5 millones de pesos apenas seis meses después de ser nombrado, de forma irregular, “secretario de Gobierno” del municipio de Oaxaca de Juárez. Cargo inventado, pero con un jugoso salario.

A esto se suman escándalos como los 162 millones “gastados” en la Guelaguetza más cara y menos productiva, los negocios turbios en la Secretaría de Turismo con factureras, y proyectos fantasmas en Fomento Agropecuario que mueven más de 300 millones de pesos. La corrupción no es rumor, está documentada.

Su familia también participa del festín presupuestal: su esposa, presidenta del DIF estatal, presume colecciones de zapatos de lujo mientras hay niños que no comen; su sobrino, líder de Morena en el Congreso, es acusado en redes sociales de haber construido un inmueble de 14 departamentos en Teotitlán de Flores Magón, en la región de la Cañada oaxaqueña, en menos de un año; y otros parientes ocupan cargos clave.

La burla del gobernador ante las críticas por su camioneta no es un chiste inocente. Es una confesión pública de que no piensa rendir cuentas ni moderar su estilo de vida. Al contrario, parece disfrutar el contraste entre su confort blindado y la vulnerabilidad extrema de los oaxaqueños.

Un líder serio entendería que gobernar un estado pobre exige congruencia, humildad y cercanía real con la gente. Salomón Jara, en cambio, opta por la soberbia y el sarcasmo, creyendo que con chistes y frases hechas puede tapar la indignación que generan sus excesos y los de su círculo cercano.

En Oaxaca no hay guerra sucia: hay una guerra silenciosa de la pobreza contra la indolencia política. Y en esa batalla, el gobernador ha elegido el bando equivocado: el de quienes ven el presupuesto como botín personal, mientras las mayorías siguen esperando un gobierno que les sirva y no que se sirva.

CATEGORIES
Share This
error: Content is protected !!