POLÍTICA EXPRÉS | ¿Con qué respaldo moral gobernará Salomón Jara tras rechazo mayoritario ciudadano en las urnas?

POLÍTICA EXPRÉS | ¿Con qué respaldo moral gobernará Salomón Jara tras rechazo mayoritario ciudadano en las urnas?

La revocación de mandato le dejó un mensaje contundente al gobernador Salomón Jara: quienes votaron, rechazaron masivamente la continuidad gubernamental. Más allá de tecnicismos legales, el resultado exhibe una crisis de legitimidad moral. Gobernar exige algo más que normas; requiere confianza social, aceptación mínima y respeto ciudadano, hoy severamente erosionados en Oaxaca.

Según la encuesta de salida de Enquiere, 64.9 por ciento votó por retirar el mandato. No es algo menor ni anecdótico. Es un juicio político ciudadano. Cuando seis de cada diez participantes piden la salida, la autoridad queda cuestionada ética y simbólicamente ante la sociedad oaxaqueña.

El argumento oficial se refugia en la baja participación para desestimar el rechazo. Legalmente es válido, políticamente es miope. La gobernabilidad no se decreta desde un escritorio. Se construye escuchando, corrigiendo y reconociendo errores, no descalificando a quienes alzan la voz ciudadana, plural, crítica, legítima y constante.

¿Puede haber gobernabilidad con un gobernador repudiado por la mayoría activa? La respuesta es incómoda. Sin consenso básico, todo acto de gobierno se percibe impuesto. Las decisiones pierden autoridad moral y cualquier conflicto escala, porque falta el cemento invisible que sostiene la obediencia democrática en Oaxaca, hoy, claramente fracturada.

¿Quién garantiza la gobernabilidad entonces? No puede ser solo la fuerza institucional ni el respaldo partidista. La estabilidad real la garantiza la legitimidad social. Cuando ésta se rompe, aparecen protestas, parálisis administrativa y confrontación permanente, escenarios que Oaxaca conoce demasiado bien por experiencias pasadas y recientes: dolorosas, repetidas e históricas.

Con estos resultados, Salomón Jara debería leer el mensaje y cambiar el rumbo. Menos soberbia, menos enconos, menos venganzas personales. Gobernar no es ajustar cuentas, es servir. Persistir en prácticas de corrupción, impunidad y nepotismo solo profundizará el divorcio con la ciudadanía oaxaqueña, plural, crítica, cansada, vigilante y activa.

La encuesta de Enquiere no es una ocurrencia. Coincide con actas preliminares y percepciones sociales acumuladas. El rechazo atraviesa regiones diversas, del Istmo a la Mixteca. Minimizarlo es apostar por la negación, una estrategia que suele terminar mal en política.

El gobernador puede ampararse en la legalidad para seguir hasta 2028. Nadie lo discute. Lo que está en duda es con qué autoridad moral decide, nombra y ordena. La ley permite, pero la ética cuestiona. Ignorar eso es gobernar con sordera social.

La democracia no termina en las urnas, pero ahí habla con claridad. Cuando la voz ciudadana dice no, insistir sin rectificar es provocar. Rectificar no es rendirse, es madurar políticamente. Oaxaca necesita menos propaganda y más autocrítica desde el poder ejecutivo estatal y un actuar más responsable, sensible, honesto, abierto, autocrítico y democrático.

Salomón Jara aún puede elegir: profundizar la fractura o intentar recomponer su gobierno. La gobernabilidad futura dependerá de su humildad para escuchar y corregir. Si ignora el repudio expresado, gobernará solo, legalmente vigente, pero moralmente vacío, sostenido apenas por inercias institucionales, partidistas y burocráticas, pero también frágiles y cuestionadas.

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