
Planta de La Raya subutilizada agrava contaminación del Atoyac y Salado por falta de inversión pública estatal
Aunque Oaxaca cuenta con una planta de tratamiento de aguas residuales en San Juan Bautista La Raya, con capacidad instalada para procesar hasta 600 litros por segundo, el proyecto integral de saneamiento del Valle de Oaxaca permanece inconcluso. La infraestructura existe, pero la falta de colectores e inversión pública impide su operación plena.
La planta de La Raya fue concebida para tratar las aguas residuales generadas por al menos 37 municipios de la zona metropolitana del Valle de Oaxaca. Sin embargo, la ausencia de obras complementarias ha limitado su funcionamiento, pese a que podría reducir de manera sustancial la descarga de contaminantes a los ríos Atoyac y Salado.
Esta omisión ocurre a pesar de que un tribunal federal ordenó a autoridades federales, estatales y municipales rescatar ambos ríos, hoy considerados altamente contaminados. Actualmente, el Atoyac y el Salado reciben en conjunto alrededor de 400 litros por segundo de aguas negras, transformándolos en cauces sanitariamente inviables.

De acuerdo con diagnósticos oficiales, cerca del 70 por ciento del volumen total de ambos caudales corresponde a aguas residuales sin ningún tipo de tratamiento. Esta situación ha convertido a los ríos en verdaderos colectores de desechos domésticos, con altas concentraciones de materia orgánica, patógenos y contaminantes que impiden cualquier forma de vida acuática.
El Plan Integral para el Saneamiento de los Ríos Atoyac y Salado (PISRAyS), elaborado por el Gobierno de Oaxaca y la SEMARNAT, identificó inicialmente 37 municipios colindantes como generadores de descargas. Posteriormente, el diagnóstico fue actualizado para sumar 38 municipios, al incluir a la Villa de Etla.
No obstante, el análisis consolidado del PISRAyS revela una problemática más amplia. En total, se identificaron 58 municipios únicos que generan descargas directas o indirectas, tratadas o sin tratamiento, hacia los ríos Atoyac y Salado, a través de plantas ineficientes, colectores incompletos, fugas y escorrentía urbana.

En la zona Alto Atoyac se concentran 28 municipios con descargas significativas, entre ellos Oaxaca de Juárez, San Jacinto Amilpas, Santa María Atzompa, Ocotlán de Morelos y Ejutla de Crespo, cuyos sistemas de saneamiento son inexistentes o insuficientes, según sea cada caso, frente al crecimiento poblacional.
El Bajo Atoyac agrupa a otros 21 municipios, como Santa Cruz Xoxocotlán, San Agustín de las Juntas, Villa de Zaachila y Zimatlán de Álvarez. En esta región, las descargas municipales continúan fluyendo hacia el río sin un tratamiento adecuado, pese a los compromisos asumidos por las autoridades locales.
En la cuenca del Río Salado se identifican al menos nueve municipios adicionales, entre ellos Tlacolula de Matamoros, Santa María del Tule y San Pablo Villa de Mitla. Estas localidades aportan descargas puntuales que incrementan la carga contaminante en uno de los afluentes más deteriorados del estado.

En septiembre de 2025, 59 ayuntamientos firmaron un convenio para ejecutar el PISRAyS y avanzar en la interconexión de plantas de tratamiento. Paralelamente, la Comisión para el Saneamiento reportó hasta 65 municipios beneficiados, lo que sugiere una ampliación del alcance del programa.
A pesar de estos anuncios, los avances reales siguen siendo limitados. Reportes recientes indican que las obras en curso apenas han evitado la descarga de 5.4 millones de metros cúbicos anuales de aguas negras, una fracción menor frente a los 21.6 millones de metros cúbicos que se generan cada año.
La planta de La Raya, eje del sistema metropolitano de saneamiento, continúa operando por debajo de su capacidad debido a la falta de colectores que conduzcan las aguas residuales desde los municipios. Esta deficiencia refleja la ausencia de una inversión pública sostenida por parte del gobierno estatal.

En términos sanitarios, los monitoreos de la Conagua muestran concentraciones alarmantes de coliformes fecales, con valores que superan ampliamente los límites históricos. En puntos críticos se han registrado más de 10 mil, e incluso hasta 500 mil, NMP por cada 100 mililitros de agua.
Aunque la NOM-001-SEMARNAT-2021 sustituyó el parámetro de coliformes fecales por indicadores como E. coli, los niveles detectados siguen evidenciando un grave riesgo sanitario. La contaminación fecal en los ríos Atoyac y Salado expone diariamente a más de un millón de habitantes.
Mientras tanto, el saneamiento integral del Valle de Oaxaca permanece estancado entre diagnósticos, convenios y promesas gubernamentales. La falta de inversión y coordinación efectiva mantiene subutilizada una infraestructura clave y prolonga una crisis ambiental y de salud pública que, pese a órdenes judiciales, sigue sin resolverse.

