#Oaxaca: Informes regionales de Salomón Jara mutan en mítines políticos con acarreo rumbo a revocación de mandato

#Oaxaca: Informes regionales de Salomón Jara mutan en mítines políticos con acarreo rumbo a revocación de mandato

El gobernador Salomón Jara Cruz convirtió los informes regionales de su tercer año en actos proselitistas. En el Auditorio Guelaguetza, la audiencia de este domingo 14 de diciembre fue integrada mayoritariamente por burócratas, militantes de Morena de diversos municipios del Valle y sindicatos aliados, movilizados con apoyo municipal, simulando ciudadanía, en busca de respaldo rumbo a la revocación de mandato 2026.

Lejos de un ejercicio de rendición de cuentas, el formato replicó mítines de campaña. Jara ofreció, como promesas electorales, veinte compromisos para “consolidar la transformación”, desde una nueva Constitución sin consulta amplia, hasta agua para la Mixteca y bacheo total metropolitano, anuncios repetidos ante públicos cautivos y previamente convocados oficialmente.

El discurso exaltó la autollamada e inexistente primavera oaxaqueña y un trabajo cercano con municipios, mientras convocaba a “redoblar esfuerzos”. La narrativa omitió balances verificables y privilegió consignas. El llamado a “seguir caminando” y “ni un paso atrás” reforzó el tono electoral, no informativo, del informe regional presentado ante públicos oficiales.

Los municipios, presentes.

Jara contrastó su gestión con los gobiernos de Gabino Cué y Alejandro Murat, a quienes acusó de corrupción y saqueo. El señalamiento ignoró su propio paso por la Sedaf, durante el sexenio de Cué, donde fue acusado de desvíos millonarios nunca reembolsados, episodios ausentes del balance oficial presentado al público movilizado asistente.

Frente a cuestionamientos, el mandatario defendió su autoridad moral, austeridad y alineación con la también inexistente cuarta transformación, invocando a López Obrador y agradeciendo a la presidenta Claudia Sheinbaum. El mensaje buscó blindar políticamente su administración, más que informar resultados, en un contexto marcado por la inminente consulta de revocación estatal programada para 2026.

La lista de veinte compromisos incluyó Constitución estatal, rescate de ríos, carreteras, vivienda, presas y megaproyectos urbanos. La amplitud de promesas, sin calendarios ni presupuestos detallados, reforzó críticas sobre uso propagandístico del informe. Varios anuncios repiten ofertas previas, ahora reempaquetadas para consumo político regional con fines electorales evidentes y recurrentes.

Juntos, pero no revueltos.

El despliegue territorial contó con presidentes municipales como operadores, facilitando transporte y asistencia. Trabajadores y burócratas llenaron sedes, desdibujando participación ciudadana espontánea. Especialistas advierten que mezclar informes con promoción personal erosiona la rendición de cuentas y vulnera la equidad rumbo a ejercicios democráticos subsecuentes de revocación y procesos electorales locales.

Así, los informes regionales del tercer año cerraron como antesala de campaña. Bajo formato institucional, Jara midió fuerzas y buscó lealtades para 2026. La práctica reaviva debates sobre legalidad, ética pública y límites entre gobierno y partido, en un estado históricamente marcado por movilización corporativa y control político persistente.

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