CONTRAFUEGO … “La marcha del refrendo” por Aurelio Ramos Méndez

CONTRAFUEGO … “La marcha del refrendo” por Aurelio Ramos Méndez

El Presidente López Obrador le arrebató a la oposición, sin despeinarse, el apoyo popular mayoritario que ésta pretendió rapiñarle con su marcha del pasado día 13.

Tal ha sido el patente desenlace de la medición de fuerzas a punta de marchas, propuesta no por la 4T sino por sus antagonistas.

Fueron los adversarios del gobierno federal quienes, con cifras cuchareadas, reclamaron para su desfile “en defensa del INE” y contra Amlo un carácter legitimador y de aval popular mayoritario.

Sus trampas les imponen ahora el tener que darle idéntica valoración a la manifestación de ayer, con el doble o triple de concurrencia.

Tienen que reconocer sin ambages que fue la marcha del refrendo. La renovación indiscutible del crédito ciudadano al Presidente. 

Algo así como pedrada en ojo tuerto para una oposición que ya había sido derrotada en la consulta sobre revocación de mandato, el 10 de abril pasado.

En aquella ocasión 91.8 por ciento de votantes –unos 17 millones—aprobaron la permanencia en el poder del tabasqueño.

Contra el principio de la física según el cual dos cuerpos no pueden ocupar simultáneamente un mismo espacio, el encuestador de bolsillo de Felipe Calderón, Guillermo Valdés Castellanos, calculó en 650 mil los marchantes –cuatro por metro cuadrado—de hace dos semanas.

Y el escritor Héctor Aguilar Camín –plagiado entre otros por Joaquín López Dóriga—dijo axiomático y con talante de buen cubero, que al margen de cifras los marchantes del 13 “expresan la convicción de una mayoría social sustantiva…”. 

A la luz de la marcha del 27, Amlo cuenta con la abrumadora mayoría del electorado. Lo cual se antoja natural, si se considera su desempeño como gobernante y el permanente y útil activismo que desarrolla.

“Polarización” denominan los malquerientes del Peje el esfuerzo cotidiano del éste por mantener vivo el respaldo de sus electores, principalmente mediante la conferencia de prensa mañanera, en la cual suele enrostrarles a los opositores su pasado.

La polarización, se ha dicho hasta el cansancio, no empezó en 2018 sino en 1988 con el fraude electoral de Carlos Salinas y la instauración, a partir de entonces, de un régimen que durante cuatro décadas excluyó a las dos terceras partes de los mexicanos.

Se recrudeció en 1994, cuando llegó al extremo de cobrar la vida de importantes personajes de la política, incluido el candidato presidencial Luis Donaldo Colosio.

Y se exacerbó a partir de 2006, tras el fraude de Calderón, sedicente gobernante “de todos los mexicanos”, que en realidad lo fue de una minoría, y quien ayer aún tuvo el descaro de tuitear lo siguiente:

“El día de hoy terminó la presidencia. El Presidente López Obrador renunció a ser Presidente de todos los mexicanos para convertirse meramente en Jefe de una facción”. ¡Cachaza!

En el escenario de permanente choque verbal entre las élites y las fuerzas populares, en modo alguno resulta impertinente preguntar si alguien cree de veras que López Obrador habría podido mantenerse en el poder sin su cotidiano activismo.

O si, por el contrario, sin la mañanera ni el incesante reproche a la vieja clase gobernante por su espesa corrupción, el abandono de los pobres y la concepción del Estado como botín, Amlo no hubiese sido derrocado desde hace rato.

En el discurso pronunciado con motivo del 112 aniversario de la Revolución, el de Macuspana dio la clave de su estrategia de comunicación. O, de “confrontación”, a decir de sus oponentes.

De entrada y a su manera, aludió al riesgo de su gobierno y la necesidad vital de respaldo popular:

“Son varias las lecciones que nos dejó la Revolución, pero hay dos enseñanzas mayores: una es que las dictaduras o las oligarquías no garantizan la paz ni la tranquilidad social; y la otra es que los gobiernos democráticos solo pueden tener éxito si atienden las demandas de las mayorías y, en consecuencia, consiguen a cambio, como recompensa, el apoyo del pueblo”.

En esta certeza radica la persistente apelación del Presidente al pueblo. Lo cual se antoja atinado por donde se mire, dada la pugnacidad y el poder económico de sus contradictores.

Es de parvulitos. Lo han practicado en tiempos recientes desde Hugo Chávez y Maduro hasta Donald Trump y Bolsonaro. Se requiere mantener alta la espuma del apoyo ciudadano, a base de exhibir de modo constante a los adversarios.

En el caso de la 4T, se trata de una tarea harto sencilla. Porque la cola de la oposición es enorme y dondequiera que uno apriete brota pus.

Se puede citar a guisa de argumento la estridente descalificación a la movilización de este domingo, considerada una marcha de acarreados, comprados por una torta y un refresco.

“Nada en que el hoy aliancista PRI no sea un verdadero experto, porque lo ha realizado por décadas”, puede ser la irrebatible respuesta. 

El activismo constante es en todo caso un imperativo. Observadores de la realidad latinoamericana tienen por aleccionador el caso de Lula Da Silva, cuyo gobierno sacó de la pobreza extrema a 29 millones de brasileños.

Lula, sin embargo, se olvidó de recordarles a estos rescatados a quién le debían su relativo ascenso social y quiénes los habían tenido en el olvido. Terminó en la cárcel.

López Obrador no parece dispuesto a reeditar esta experiencia.

BRASAS

Ricardo Monreal ya demostró que tiene la naturaleza del alacrán. Aquel que en la fábula traiciona su palabra y con maldad inaudita le pica a la rana que lo ayudaba a cruzar el río.

Apenas el 9 de noviembre anticipó que esperaría a diciembre y sus posadas para decidir acerca de su permanencia en Morena. Resultó falso.

El diario El País reveló el jueves que desde hace tiempo el zacatecano negocia con líderes partidistas su posible candidatura presidencial para 2024.

Tal negociación, para todos los efectos prácticos, significa que Monreal ya defeccionó de la 4T.

Desde hace rato Morena debió haberle cantado aquella de “si va allegar el día que me abandones/Prefiero, corazón, que sea esta noche…”

El presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, en tono que pretendió desmentir la publicación, en realidad la confirmó:

“He sostenido reuniones diversas, es mi trabajo”, dijo por Twitter.

Y añadió algo que conspira contra la evidencia de su trayectoria política: “Respeto a todos los partidos de oposición; nunca los dividiré. México necesita fuerzas leales a la sociedad”.

Consumada la traición, procede preguntar si tiene Monreal suficiente arrastre dentro del guinda como para presumir que su emigración hacia el membrete Unidos implicará un golpe mortal para ese partido. La respuesta es nones.

Y, menos aún puede afirmarse que la alianza opositora acogerá con seriedad al morenista, quien ha trajinado por prácticamente todo el espectro partidista y reclamado para sí el título de “el mejor sucesor de Amlo”.

Al dejar con singular respeto al PRI en 1998, el de Fresnillo tocó las puertas del PAN, que no le fueron abiertas, y acabó recalando en el PRD y luego el PT, MC y Morena.

En 2017, al competir con Claudia Sheinbaum por la candidatura a jefe de gobierno dijo que de perder no traicionaría a Amlo porque “no soy un ambicioso vulgar”.

El coordinador senatorial de Morena está anuente ahora en pujar por la estafeta aliancista con otros prospectos como Santiago Creel, Beatriz Paredes, Claudia Ruiz Massieu, Enrique Alfaro, Samuel García y Luis Donaldo Colosio Riojas.

Y, además, con José Woldenberg, Eduardo Verástegui, Margarita Zavala, Alejandro Alito Moreno y Claudio X. González, entre muchos que acarician la nominación.

Está por verse si el dueño del balón, Claudio X., le permitirá al morenista entrar en la cancha o le cobrará añejos agravios.

Como jefe delegacional en Cuauhtémoc, en 2018, Monreal fue acusado por Mexicanos contra la Corrupción de haber asignado a dedo jugosos contratos a empresas sin experiencia.

En respuesta, el ahora presidenciable por el bloque opositor anunció que estaba a punto de publicar un libro con información detallada sobre cómo se hace negocio con la filantropía. “Ahí demuestro lo que hace Claudio X González con su organización”, dijo.

Por todo ello, se antoja una mala decisión el haberle clavado el aguijón a Morena.

Fue este un lance sin futuro, que no le grajeará candidatura alguna sino apenas restarle a Morena algunos votos, con la ilusión de facilitar la descolgada de la derecha.

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Chihuahua es por estos días escenario de un escándalo descomunal, resultado de una aberración política.

Una perversión consistente en intentar enderezar las baterías de la justicia en contra no de quien viola la ley, sino de quien intenta sancionar la transgresión.

Hablamos de un asunto que es imprescindible desbaratar, si se aspira a evitar que cunda por todo el país.

Y que se traduzca en que funcionarios ladrones no sólo se burlen de la justicia, sino que tomen represalias en contra de quienes tienen el valor de acusarlos.

El exasperante espectáculo de Chihuahua se lo debemos enteramente al PAN. Porque es una vendetta entre políticos de este partido.

Un ejemplo de espesa corrupción encuadrado en pugnas tribales electorales. 

Por aquellos pagos fue detenido por la Fiscalía estatal el excoordinador de la Operación Justicia para Chihuahua, Francisco González Arredondo.

Es el funcionario que en el gobierno de Javier Corral tuvo a su cargo la investigación que involucra al exgobernador priista César Duarte y unos 40 de sus colaboradores.

Y que relaciona también a la actual gobernadora, María Eugenia Campos.

Duarte está preso acusado de un largo prontuario delictivo. Del peculado de centenares de millones de pesos a la asociación delictuosa.

Y la mandataria, de haber recibido de Duarte sobornos por nueve millones de pesos en sus tiempos de diputada local.

El caso ya tiene una arista trágica. González Arredondo fue arrestado en presencia de su padre, Francisco González Vázquez, quien en el acto sufrió un paro cardiaco que le quitó la vida.

Hay indicios para presumir que la detención del excolaborador de Corral constituye una represalia inspirada por Duarte y ejecutada por la gobernadora.

González Arredondo está acusado de tortura sicológica en contra de funcionarios y cómplices del exgobernador.

La acusación busca justificar retractaciones de coacusados que hicieron cargos en contra de Duarte y Campos, que ahora, con ella en el poder, modifican sus declaraciones y se dicen torturados.

Protegido por Campos, Duarte ya tiene un pie fuera de la cárcel. Y ella se lava la cara con frenesí.

El asunto reviste enorme trascendencia. Y obliga a la intervención de instancias federales.

De la secretaría de Gobernación y la Fiscalía General de la República. Y del Senado, teórico garante de la buena marcha de los estados y del Pacto Federal.

La Federación debe desmontar esta confabulación de delincuentes que puede hacer escuela. 

Se debe poner un alto al uso del poder público con fines políticos y de exoneración de gobernantes mafiosos.

Es indispensable desbaratar esta conchabanza, porque estamos en proceso de renovación de media docena de gobiernos estatales.

Conviene prevenir contubernios entre gobiernos entrantes y salientes orientados a garantizar impunidad.

RESCOLDOS

Loca, vulgar, amargada y calenturienta. Esto calificativos cosechó en las redes la panista Lilly Téllez. Merecidísimos. Con la experiencia de robamaridos que le atribuyen en la cámara alta, atacó arteramente a Claudia Sheinbaum. En el Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la Mujer, escribió: “Que se case rápido la transa corcholata para que tenga derecho a visita conyugal”…

La policía de Andorra descubrió y documentó un podridero –el enésimo– del calderonato. El diario español El País publicó que se trata de un engranaje para el pago de mordidas por unos 60 millones de pesos, relacionados con la construcción de la hidroeléctrica La Yesca, en Nayarit. La entrega de sobornos habría sido ejecutada por el abogado Mauricio Cort y el dinero lo habrían aportado cuatro empresas. Moches para que empresas constructoras fueron beneficiadas con contratos de obras…  

¡Y pensar que pudo haber sido Presidente de la República! El inefable panista Gabriel Quadri pidió en un video no celebrar la Revolución Mexicana, porque –según el– glorifica a “asesinos” y “bandoleros” que se alzaron contra un gobierno legítimo. Exhortó en cambio a celebrar el porfiriato. La Revolución, dijo, fue “una guerra devastadora que destruyo a México y sembró odio y violencia”.

aurelio.contrafuego@gmail.com

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