
El tiempo para adaptarnos al cambio climático se redujo de 80 a ocho años
México atraviesa una transformación climática acelerada que ha eliminado casi por completo las condiciones atmosféricas habituales en las que operan sus comunidades y ecosistemas. En el marco de sus 45 años de trayectoria, Pronatura, junto con el Programa de Investigación en Cambio Climático de la Universidad Nacional Autónoma de México (PINCC-UNAM), advirtieron sobre la urgencia de abandonar las acciones aisladas para adoptar modelos integrales de adaptación, resiliencia socioecológica y financiamiento de escala.
Mientras el planeta registra un aumento térmico global de 1.46 °C respecto a la era preindustrial, México ya se ha calentado 1.9 °C, ubicándose como el octavo país con el cambio relativo de temperatura más drástico del mundo.
Un calentamiento acelerado y costoso
El Dr. Francisco Estrada, coordinador del PINCC-UNAM, detalló que la velocidad de calentamiento en el país se aceleró a partir de 2012, pasando de 3.4 °C a 5.5 °C por siglo. Esta aceleración ha reducido drásticamente la familiaridad climática, de modo que hoy solo existe un traslape del 1.3% entre las condiciones actuales y las registradas en el año 2000, en otras palabras, el clima conocido ya prácticamente no existe.
Esto significa que salimos de nuestra «zona de confort», pues las ciudades, la infraestructura, los calendarios agrícolas y el abastecimiento de agua en México fueron diseñados para el clima del pasado. Al haber solo un 1.3% de coincidencia, estamos viviendo bajo condiciones térmicas para las cuales nuestros sistemas no estaban preparados.
Mientras a inicios del siglo XX tomaría cerca de 80 años perder la mitad de esa familiaridad, en la actualidad ese margen se redujo a solo 8 años. La alteración también se refleja en el régimen pluvial, pues aunque el volumen anual varía poco, la proporción de agua caída en eventos extremos subió del 20% en 1950 al 30% actual, alternándose con periodos de sequía más prolongados. Cada vez veremos conflictos por el agua más cercanos a nosotros.
El especialista además reveló que el impacto económico acumulado por cambio climático durante este siglo podría equivaler a entre 2 y 9 veces el PIB nacional, representando para el presente sexenio pérdidas comprometidas del 25% del PIB. En términos de recursos vitales, regiones como Tabasco se encuentran a solo 6 años de perder el 10% de sus rendimientos de maíz de temporal, y diversas zonas del país están a pocos años de sufrir estrés hídrico severo. Ante esta perspectiva, Estrada enfatizó la necesidad de girar hacia una política de “daños netos cero”, centrada en el bienestar de la población y la salud ecosistémica.
La trayectoria traducida en una operación moderna
La historia de Pronatura refleja la propia evolución de la agenda ambiental en México. Fundada en los años ochenta por iniciativa de cinco personas en un congreso de ornitología, la organización comenzó con la protección focalizada de especies amenazadas como el pavón cornudo y la tortuga marina.
Al conmemorar 45 años de labor ininterrumpida en campo, Kathy Gregoire, directora ejecutiva de Pronatura México, sostuvo que alcanzar este hito representa tanto un privilegio como una responsabilidad histórica ante una crisis climática cuyos riesgos son cada vez más dinámicos y difíciles de diagnosticar.
Gregoire subrayó que el reto central de la organización hacia el futuro es “evolucionar sus formas de operación para garantizar que cada proyecto responda a indicadores de impacto rigurosos, permitiendo escalar las soluciones locales hacia modelos de resiliencia predictivos y de alcance nacional”.
Proyectos acorde a los nuevos tiempos
De cara al futuro, la organización hoy impulsa programas clave en el territorio que demuestran las nuevas formas de explorar la conservación, adaptación y mitigación.
Por ejemplo, en el norte de la Zona Metropolitana del Valle de México, ante las recurrentes lluvias torrenciales e inundaciones de alto riesgo que amenazan a casi 4 millones de habitantes en municipios como Ecatepec, Coacalco y Tlalnepantla, Pronatura ejecuta en el Parque Estatal Sierra de Guadalupe un plan proyectado de 2025 a 2029.
Jorge Chávez, coordinador desde Pronatura, explica que éste contempla la edificación de 80 presas filtrantes de gaviones y obras de conservación de suelo en 60 hectáreas. Con 18 presas terminadas en 2025 y 11 en desarrollo durante 2026, ya se han generado más de 4,400 m² de áreas inundables y retenido más de 5,000 m³ de lodos que evitan desastres en las zonas bajas, respaldando el trabajo con estaciones meteorológicas, vuelos de drones e imágenes satelitales en alianza con autoridades y comunidades locales.
Resiliencia social y agricultura inteligente
De manera simultánea, a través del programa regional Alianzas Climáticas —desarrollado junto con la organización alemana Oro Verde en sitios vulnerables como Xochimilco y la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca—, se busca asegurar la permanencia de mujeres y jóvenes en el campo mediante la agricultura climáticamente inteligente.
Mónica Camacho, gerente de Cambio Climático Pronatura, detalló que esta iniciativa articula escuelas de campo, diagnósticos de mercado, desarrollo de liderazgo y apoyo socioemocional ante el desgaste campesino, vinculando las propuestas comunitarias con dependencias como la Conanp y la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural para incidir en la política pública.
El rescate de las ciénegas del Lerma
En el Estado de México, la organización lidera la restauración integral del humedal en las ciénegas del Lerma, ecosistema que ha perdido el 90% de sus 27,000 hectáreas originales por las extracciones del Sistema Cutzamala y la expansión urbana e industrial. Alma Valdez, gerente de restauración ecológica y conservación Pronatura, explica que tomando a la mascarita del Lerma (Geothlypis speciosa) —ave endémica amenazada— como indicador biológico de la calidad ambiental, el proyecto protege más de 25 hectáreas de tulares mediante brechas cortafuegos, acompaña la transición agroecológica de 1,200 hectáreas de cultivo en San Mateo Texcalyacac para eliminar agroquímicos, y genera empleos temporales para la población local.
Los directivos de Pronatura concluyeron que la resiliencia climática del país no dependerá de esfuerzos aislados ni de indicadores meramente numéricos, sino de la rapidez con la que se traduzca el conocimiento científico en alianzas estratégicas y modelos de financiamiento con impacto directo en las comunidades, pues “no tenemos tiempo”.

