
Abandono del Palacio Federal de Salina Cruz abre la puerta a particulares que buscan apropiárselo
A nueve años del sismo de 8.2 grados que dañó la estructura del Palacio Federal de Salina Cruz, Oaxaca, el emblemático inmueble del centro del puerto permanece cercado con láminas galvanizadas, sin obra y sin que autoridad alguna informe. El abandono ha llegado al grado de que varios particulares buscan apropiarse de un edificio que es propiedad de la Federación.
El terremoto del 7 de septiembre de 2017 devastó el Istmo de Tehuantepec. En Salina Cruz, un reporte preliminar municipal contabilizó catorce edificios de gobierno dañados, entre ellos el Palacio Municipal, Obras Públicas y el Palacio Federal. El Palacio Municipal fue demolido para levantar uno nuevo con recursos federales; el Palacio Federal, en cambio, quedó detenido en el tiempo.
Construido hace más de siete décadas, con arquitectura colonial y catalogado como inmueble histórico, el Palacio Federal albergó el Registro Civil, la Secretaría del Trabajo, la Recaudación de Rentas y la Delegación de Tránsito. Allí, durante décadas, los porteños resolvían sus trámites ante oficinas estatales y federales. Hoy es una silueta tapiada y deteriorada, en pleno corazón del puerto.
Los trabajos de reconstrucción arrancaron en 2018 bajo la responsabilidad del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que había impedido demoler el inmueble por formar parte del catálogo de edificios históricos. La obra apenas alcanzó un avance estimado de 20 a 30 por ciento antes de quedar suspendida hace más de seis años, sin una explicación pública conocida.
Con el paso del tiempo, el predio fue bardeado con láminas galvanizadas que ocultan el deterioro, pero no lo detienen. Vecinos del centro coinciden en que el edificio está olvidado por el gobierno federal. Reportes previos advertían que la ruina representa un peligro para los transeúntes, mientras el proyecto de restauración, anunciado con una importante inversión, no muestra avances.
De acuerdo con la información recabada, varios particulares han buscado apropiarse del inmueble aprovechando el abandono, pese a que se trata de un bien propiedad de la Federación. La información disponible no precisa los nombres de los presuntos interesados ni los mecanismos empleados, datos que corresponde aclarar a las dependencias federales responsables del resguardo y la conservación del edificio.
La legislación federal establece que los bienes de dominio público de la Federación son inalienables e imprescriptibles, es decir, no pueden venderse ni adquirirse por el simple paso del tiempo o la ocupación prolongada. A ello se suma su condición de inmueble catalogado como histórico, que exige la intervención del INAH para cualquier modificación, demolición o cambio de uso.
Los vecinos porteños exigen que se concluya el proyecto de reconstrucción para que el edificio vuelva a albergar oficinas gubernamentales. Con ello, sostienen, se evitaría el pago de rentas muy costosas por espacios alternos, un gasto que lesiona el erario federal mientras el inmueble propio se deteriora a la vista de todos, con obras suspendidas y cubierto por láminas.
El promotor cultural Juan Alonso ha recordado que el Palacio Federal, inaugurado por Miguel Alemán, es emblemático porque ahí se realizaron actividades importantes y, por su valor arquitectónico, no fue demolido como otros inmuebles dañados por el terremoto. Su deterioro actual compromete un testimonio de la historia del puerto que aún podría rescatarse si se retoman pronto los trabajos.
Nueve años después, las preguntas siguen sin respuesta: por qué se suspendió la obra, cuánto dinero se invirtió, qué dependencia vigila el predio y qué se hará para impedir que particulares se adueñen de él. Mientras no haya una respuesta oficial, el Palacio Federal de Salina Cruz continúa bajo láminas, a la espera de que alguien asuma su rescate.

