
Once cárteles y células se dividen 142 municipios de Oaxaca; CJNG y Sinaloa mandan en regiones clave
Once organizaciones criminales operan en Oaxaca y se han repartido 142 de los 570 municipios del estado, de acuerdo con un análisis del investigador Víctor Manuel Sánchez Valdés publicado este lunes en Animal Político. El mapa no es uniforme: cada región tiene dueños distintos y economías ilícitas propias.
El Istmo de Tehuantepec y la Cuenca del Papaloapan están bajo influencia del Cártel Jalisco Nueva Generación. En la Costa operan el Cártel de Sinaloa, remanentes de los Beltrán Leyva y el Cártel de Caborca a través de la célula Los Rusos. El resto del territorio se fragmenta entre grupos locales y alianzas cambiantes.
El Istmo concentró la atención nacional esta semana. La detención del alcalde de Juchitán, Miguel Sánchez Altamirano, y de Carlos Alberto, alias La Parka, destapó a Los Cromos, célula vinculada al CJNG. Autoridades les atribuyen extorsión, cobro de piso, narcomenudeo, tráfico de personas y homicidios.
Juchitán es el municipio más violento de Oaxaca. En el primer trimestre de 2026 registró la mayor cifra estatal de homicidios. La Fiscalía identifica al menos tres células con lazos a estructuras mayores y señala ocho grupos delictivos en la franja istmeña.
El Corredor Interoceánico explica parte de la disputa. Desde 2023 el CJNG anunció su llegada por los límites con Veracruz con el objetivo de controlar el flujo comercial, portuario y de precursores. Salina Cruz funciona como punto de descarga de droga de menor escala proveniente de Centroamérica.
En la Costa, Los Rusos —brazo ligado a José Gil Caro Quintero y al entorno de Caborca y Beltrán Leyva— operan en al menos ocho municipios oaxaqueños fronterizos con Guerrero: Tapextla, Llano Grande, Mártires de Tacubaya, Armenta, Cortijos, Estancia Grande, Lo de Soto y San Pedro Amuzgos.

La Fiscalía estatal les atribuye distribución de droga, homicidios de autoridades locales y ejecución de vendedores. El grupo tiene base principal en Guerrero y usa la franja costeña como extensión territorial. Recientemente fue abatido por la policía oaxaqueña uno de sus jefes locales, alias El 09.
Otra pieza en la Costa y Sierra Sur es la estructura de Ricardo Estévez Colmenares (también identificado como Bogar Soto Rodríguez), alias El Bogar, identificada con el eje Sinaloa-Beltrán Leyva. Un presunto jefe de plaza, alias El Miky, controlaba rutas que conectan Miahuatlán y Ejutla con Ocotlán, Zimatlán, Lachigoló y Mitla, acceso a los Valles Centrales.
En Valles Centrales las autoridades han golpeado a la Alianza de Sindicatos y Asociaciones del Estado de Oaxaca (ASAEO). El fiscal Bernardo Rodríguez Alamilla la señaló por extorsión a taxistas, mototaxis, pipas y locatarios, además de sicariato y presuntos vínculos con el cártel de la Costa.
El crimen en Oaxaca no se limita al tráfico de drogas. Combina cobro de piso a comercio y transporte, trata y tráfico de migrantes, huachicol, despojo de tierras, control de sindicatos y protección municipal. Varios operativos han desarmado policías locales acusadas de servir a las células.
La Operación Sable, impulsada con Marina y federales en el Istmo, ha dejado cientos de detenciones, cateos y decomisos de armas y droga. Aun así, el investigador Sánchez Valdés documenta que la presencia criminal sigue activa en casi una cuarta parte de los municipios.
El diagnóstico coincide con el patrón nacional: cárteles nacionales franquician territorio a células locales, cooptan ayuntamientos y se disputan corredores estratégicos. En Oaxaca esa lógica se cruza con el Tren Interoceánico, puertos, minería, agricultura y rutas migratorias. El resultado es un estado partido en plazas.
Gráficos: Víctor Manuel Sánchez Valdés

