La dieta saludable en México se encarece 39% desde 2021: FAO

La dieta saludable en México se encarece 39% desde 2021: FAO

Comer sano en México se ha vuelto más caro. El costo comparable de una dieta saludable pasó de 3.27 a 4.54 dólares de paridad de poder adquisitivo por persona al día entre 2021 y 2025, un aumento de 38.8%, de acuerdo con el informe The State of Food Security and Nutrition in the World 2026.

El documento, elaborado por la FAO, el FIDA, UNICEF, el Programa Mundial de Alimentos y la Organización Mundial de la Salud, estima que 20% de la población mexicana no tuvo ingresos suficientes para costear una dieta saludable durante 2025. Esto representa alrededor de 26.4 millones de personas.

El dato muestra una mejora frente a 2021, cuando la proporción era de 27.4% y alcanzaba a unos 35 millones de mexicanos. Sin embargo, la reducción de la población que no puede pagar una dieta saludable no significa que los alimentos hayan bajado de precio. Por el contrario, la canasta de referencia se encareció de manera importante.

El costo sube, pero mejora la capacidad de compra

En 2017, el costo estimado de una dieta saludable en México era de 2.90 dólares PPP por persona al día. Para 2025 llegó a 4.54 dólares PPP, lo que representa un incremento de 56.6% en ocho años.

La FAO explica que la proporción de personas que no pueden pagarla disminuyó porque, en promedio, los ingresos disponibles para adquirir alimentos aumentaron más que los precios considerados en la canasta. Es decir, el indicador de asequibilidad mejoró, aunque el costo de los productos saludables continuó creciendo.

México se ubicó por encima del promedio mundial de 4.28 dólares PPP, pero por debajo del promedio de América Latina y el Caribe, que alcanzó 4.91 dólares PPP en 2025. La región registró el costo más alto entre las principales regiones del mundo, por encima de África, Asia y Europa.

La medición no debe leerse como el precio exacto de un menú familiar ni como el gasto real de todos los hogares. Se trata de un indicador de referencia que calcula el costo mínimo de una canasta de alimentos disponibles localmente.

No es una dieta de supermercado ni un menú mexicano

Para construir la medición, la FAO y el Banco Mundial utilizan una canasta de 11 alimentos distribuidos en seis grupos: cereales y otros alimentos básicos, productos de origen animal, leguminosas, nueces y semillas, verduras, frutas, aceites y grasas.

La canasta aporta 2,330 kilocalorías al día y selecciona los productos de menor costo disponibles en cada país. La mayor proporción energética proviene de los alimentos básicos, con casi la mitad de las calorías. Las frutas y verduras aportan menos energía, pero suelen tener un costo mayor por kilocaloría.

El indicador tampoco mide lo que realmente comen las familias, el costo del gas, el agua, el tiempo de preparación, el desperdicio o los alimentos que se producen en casa. Tampoco incluye las preferencias culturales, los hábitos regionales ni el precio de consumir alimentos preparados fuera del hogar.

Por eso, los 4.54 dólares PPP deben entenderse como un piso teórico del costo de comprar los ingredientes de una dieta saludable, no como el presupuesto total que una familia mexicana necesita para alimentarse.

Verduras y logística presionan el precio

El informe identifica una diferencia regional importante. En América Latina y el Caribe, las verduras representan la mayor proporción del costo de una dieta saludable. Los alimentos de origen animal, las frutas y las verduras concentran buena parte del precio total, mientras que los alimentos básicos aportan energía a un costo relativamente menor.

La explicación no está únicamente en el campo. La FAO señala que entre 70 y 75% de lo que paga el consumidor por los alimentos se acumula después de la producción primaria, en actividades como transporte, procesamiento, almacenamiento, distribución y comercio mayorista.

En los productos perecederos, como frutas y verduras, las deficiencias en las cadenas de frío, las carreteras, el almacenamiento y la logística pueden elevar el precio final. También influyen el costo de la electricidad, el trabajo agrícola, los insumos y las pérdidas de alimentos durante el traslado.

Para América Latina y el Caribe, el informe identifica la mejora del transporte y de la distribución interna como una de las principales vías para reducir el costo de una dieta saludable.

El reto está más allá del consumidor

La FAO advierte que abaratar los alimentos saludables no depende sólo de pedirle a la población que cambie sus hábitos. También requiere modificar la estructura productiva y comercial que determina cuánto cuesta llevar una fruta, una verdura, una leguminosa o un producto fresco hasta la mesa.

El informe propone aumentar la inversión en investigación agrícola, riego, infraestructura, transporte, refrigeración y reducción del desperdicio. También plantea revisar los subsidios agrícolas, debido a que buena parte del apoyo público mundial se concentra en granos, azúcar, lácteos, carne y oleaginosas, mientras las frutas, verduras y leguminosas reciben menor atención.

La conclusión es directa: en México, comer sano es más accesible para una mayor parte de la población que hace algunos años, pero la canasta saludable se ha encarecido de forma considerable. El desafío no sólo está en el ingreso de las familias, sino en lograr que los alimentos nutritivos lleguen a los consumidores con menos costos acumulados en el camino.

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