
Una pareja en motocicleta (hombre y mujer) presuntos autores del asesinato del periodista Alejandro Leyva Aguilar en Oaxaca
La rutina del periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar terminó de manera violenta la mañana de este miércoles en el fraccionamiento La Esmeralda, en el municipio de San Pablo Etla, conurbado a la ciudad de Oaxaca. Lo que comenzó como un día cualquiera, después de su acostumbrada sesión para correr, concluyó con un ataque directo que le arrebató la vida frente a vecinos y comerciantes.
Quienes lo conocían relatan que había regresado de trotar por las calles cercanas a su vivienda. Entró a su casa, se quitó los tenis, se puso unas chanclas y salió caminando al pequeño puesto de memelas donde acostumbraba desayunar. Era una escena cotidiana que se repetía con frecuencia y que no hacía presagiar el desenlace.
Apenas había tomado asiento en uno de los bancos del establecimiento cuando una motocicleta se aproximó lentamente. En ella viajaban un hombre y una mujer, ambos con casco, quienes, según versiones de vecinos y testigos, se detuvieron frente al puesto sin intercambiar palabra alguna con la víctima.
En cuestión de segundos, el acompañante descendió o disparó desde la motocicleta. Los disparos rompieron la tranquilidad del fraccionamiento. Los vecinos aseguran haber escuchado al menos ocho detonaciones. De estos proyectiles, al menos tres habrían impacto en el cuerpo del periodista, según reporte preliminar de la Fiscalía; uno de ellos perforó la garganta y otro la cabeza. El último disparo fue descrito por testigos como el tiro de gracia.
El estruendo provocó que comerciantes y habitantes buscaran refugio mientras otros intentaban comprender lo ocurrido. Cuando cesaron las detonaciones, la pareja volvió a abordar la motocicleta y abandonó el fraccionamiento con rumbo desconocido, sin que hasta el momento se conozca su identidad ni el trayecto que siguieron para escapar.
Minutos después comenzaron a llegar policías y personal de emergencia. La escena quedó acordonada por elementos de la Fiscalía General del Estado, cuyos peritos iniciaron la recolección de indicios balísticos y el levantamiento del cuerpo. Hasta el momento, la institución no ha informado oficialmente sobre una línea de investigación definida ni sobre personas detenidas.
La ejecución sacudió inmediatamente al gremio periodístico de Oaxaca. Alejandro Leyva no era un comunicador desconocido. Fue director de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión y durante años construyó una audiencia a través de su videocolumna El Zumbido del Moscardón, publicada puntualmente cada lunes poco después de las cinco de la mañana en Facebook.
De martes a viernes mantenía una intensa actividad periodística mediante columnas escritas que distribuía entre colegas y lectores a través de redes sociales y grupos de WhatsApp. Su estilo era frontal, crítico y frecuentemente dirigido hacia decisiones del gobierno estatal, actores políticos y temas relacionados con corrupción, seguridad pública y crimen organizado.
Dentro del gremio existe la percepción de que el ataque podría estar relacionado con el contenido de sus publicaciones. Esa hipótesis, sin embargo, permanece únicamente en el terreno de las conjeturas y deberá ser confirmada o descartada por las autoridades mediante una investigación que agote todas las líneas posibles, incluida la relacionada con su actividad periodística.
Su última columna, difundida apenas horas antes del atentado, contenía severas críticas al gobierno estatal. En ella cuestionó los resultados económicos de la Guelaguetza 2026, el desempeño en materia de seguridad pública, la situación de violencia en Santa Catarina Juquila, la producción televisiva de las fiestas de julio y presuntos cobros de piso que, según escribió, afectaban a diversos sectores económicos vinculados al turismo.
También sostuvo que el principal problema de Oaxaca era la inseguridad y afirmó que la economía local resentía esa situación. El texto concluía con una frase que hoy adquiere un significado particularmente doloroso: “nos han quitado la paz, el placer de vivir tranquilos”, escribió al referirse a los habitantes del estado.
Tras conocerse el asesinato, el gobernador Salomón Jara Cruz emitió un mensaje público en el que condenó el crimen, expresó solidaridad con la familia del periodista y reconoció que Leyva ejercía una postura crítica hacia su administración. Aseguró que ninguna diferencia derivada del ejercicio periodístico puede justificar este acto de violencia.
El mandatario informó que solicitó a la Fiscalía General del Estado coordinarse con la Fiscalía General de la República y con la Fiscalía Especializada en Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión para fortalecer las investigaciones y agotar todas las líneas relacionadas con el homicidio, incluida la eventual vinculación con su labor informativa.
Mientras las investigaciones apenas comienzan, el asesinato de Alejandro Leyva vuelve a colocar sobre la mesa los riesgos que enfrenta el periodismo en Oaxaca y en México. La motocicleta ya desapareció de las calles del fraccionamiento, los casquillos fueron levantados por los peritos y el puesto de memelas quedó en silencio. Lo único que permanece es la exigencia de que el crimen no quede impune y de que la verdad alcance a quienes ordenaron y ejecutaron el ataque.

