
Informalidad laboral alcanza casi 80 por ciento en Oaxaca ante precarización, cierre de negocios y falta de empleo
La informalidad laboral en Oaxaca volvió a registrar un crecimiento durante el primer trimestre de 2026, al alcanzar una tasa de 79.9 por ciento de la población ocupada, equivalente a aproximadamente 1.5 millones de trabajadores, consolidándose entre las más altas del país y reflejando el deterioro persistente del mercado laboral estatal.
Las cifras muestran que alrededor de 88 mil personas se incorporaron a la informalidad respecto del mismo periodo de 2025, un incremento que confirma que el empleo generado en la entidad continúa concentrándose en actividades sin prestaciones, seguridad social ni estabilidad, mientras disminuyen las oportunidades de trabajo formal.
Aunque los indicadores oficiales reflejan crecimiento en la ocupación y una baja tasa de desocupación, especialistas advierten que estos resultados esconden una realidad distinta: miles de oaxaqueños aceptan cualquier actividad económica para subsistir ante la escasez de empleos formales, bien remunerados y con derechos laborales garantizados.
El deterioro también quedó reflejado en la pérdida de aproximadamente 54 mil trabajadores subordinados y remunerados durante el primer trimestre del año, lo que evidencia una reducción del empleo asalariado formal y un desplazamiento hacia ocupaciones precarias, temporales o de autoempleo para sostener los ingresos familiares.
En contraste, los trabajadores por cuenta propia aumentaron alrededor de 36 mil personas, mientras que los trabajadores no remunerados crecieron cerca de 39 mil. Ambos segmentos concentran buena parte de las actividades informales, principalmente en pequeños comercios, agricultura de subsistencia y negocios familiares de baja productividad.
Los micronegocios absorbieron la mayor parte del empleo generado durante el periodo, pero en condiciones de informalidad. Comercios ambulantes, tianguis, talleres, pequeños establecimientos y servicios sin registro oficial se convirtieron nuevamente en la principal alternativa para miles de familias ante la falta de oportunidades laborales estables.
La estructura económica de Oaxaca continúa favoreciendo este fenómeno. La fuerte dependencia de las actividades agropecuarias, comerciales y de servicios, sectores históricamente caracterizados por elevados niveles de informalidad, contrasta con un desarrollo industrial limitado, incapaz de generar suficientes empleos permanentes con prestaciones y seguridad social.
A esta situación se suma la disminución de la ocupación en diversas actividades del campo, donde la baja rentabilidad, la falta de inversión y la migración reducen las oportunidades laborales. Muchas familias rurales terminan incorporándose al comercio informal o al autoempleo como única alternativa inmediata de ingresos.
El cierre de empresas, pequeños negocios y micronegocios, derivado de un entorno económico adverso y del incremento en los costos de operación, también ha contribuido al crecimiento de la informalidad, al empujar a trabajadores despedidos y propietarios hacia actividades sin regulación ni acceso a seguridad social.
Las barreras para incorporarse a la economía formal siguen siendo elevadas. Los costos de registro, la complejidad administrativa, la falta de financiamiento, el limitado acceso a capacitación y mercados, además de los altos niveles de pobreza y rezago educativo, dificultan la formalización de miles de unidades económicas.
Especialistas consideran que la expansión de proyectos estratégicos, como el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, todavía no genera un impacto suficiente en la creación de empleos formales para la población local, debido al escaso encadenamiento productivo con las pequeñas empresas y proveedores regionales.
Con una tasa de informalidad cercana a ocho de cada diez trabajadores, Oaxaca permanece junto con Guerrero y Chiapas entre las entidades con mayor precariedad laboral del país. El incremento confirma que el principal desafío ya no es únicamente generar empleo, sino crear fuentes de trabajo formales, productivas y con condiciones dignas.

