
El grito que nadie se atrevió a dar: Una madre nombra al asesino de su hijo frente a su cadáver, en Chahuites, #Oaxaca
El sol todavía no terminaba de caer sobre Chahuites, municipio de la zona oriente del Istmo oaxaqueño, cuando una mujer se arrodilló junto al cuerpo de su hijo y le habló al hombre que lo mató. No susurró su nombre.
Lo gritó.
“¡Chaparro, qué te he hecho!”
Raúl Alfredo yacía en el suelo. Su madre, con la voz rota y los ojos anegados, apuntó con sus palabras a Alí Vásquez —apodado El Chaparro o El Chato—, señalado desde hace años como líder de la célula delictiva conocida como Los Tapaneros. Nadie más en ese momento dijo ese nombre en voz alta. Ella sí.
Lo que siguió no fue silencio. Fue un video.
En las imágenes que comenzaron a circular en redes sociales, la misma mujer va más lejos: señala directamente a Adriana Guadalupe Vázquez Cruz, presidenta municipal de San Pedro Tapanatepec, y a su gobierno, como presuntamente relacionados con la muerte de su hijo.
Son acusaciones de una gravedad que obliga a investigación inmediata por parte de las instancias competentes. Son también el tipo de acusaciones que en el Istmo de Tehuantepec han costado la vida a quienes las hacen.
Eso ella lo sabe.
Chahuites acumula muertos en 2026 con una regularidad que debería escandalizar y que, sin embargo, se ha vuelto casi rutinaria en la cobertura regional.
El asesinato de Raúl Alfredo sería, según testimonios, uno de al menos cuatro ejecutados y un levantado en esa localidad en lo que va del año. Cuatro nombres. Cuatro familias.
Y en casi todos los casos, el mismo manto de miedo que sella bocas, aparta testigos, obliga a las familias a negociar hasta el acceso de los peritos a los cuerpos de sus propios muertos.
La madre de Raúl Alfredo hizo lo contrario.
No solo no calló: impidió inicialmente las diligencias periciales, como si su dolor reclamara primero ese espacio íntimo antes de cederlo al protocolo. Y luego habló frente a una cámara con nombre propio, con apellido, con apodo. Con todo.
Los Tapaneros tienen un historial documentado en la zona del Istmo: extorsión, tráfico de migrantes, violencia armada. Alí Vásquez Cruz ha sido buscado en años previos por la Fiscalía General del Estado de Oaxaca por desaparición forzada y otros ilícitos.
Su nombre no es un secreto para las autoridades. Tampoco, al parecer, es una prioridad que haya derivado en su captura.
Esa impunidad es el contexto en el que una madre tuvo que convertirse, frente al cuerpo de su hijo, en la única voz dispuesta a decir lo que todos callaban.
El riesgo que corrió la madre —que sigue corriendo— al grabar ese video, al pronunciar esos nombres, no es abstracto ni menor.
En comunidades donde Los Tapaneros operan con presunta protección política, señalar en público a un líder criminal y a una funcionaria electa es un acto que tiene consecuencias.
Las ha tenido antes. Las tendrá después, si nadie la protege.
Ella denunció de todas formas.
Eso no la convierte en un símbolo. La convierte en una persona con un hijo muerto y con la certeza, o quizás solo la desesperación, de que el silencio ya no era una opción.
El grito de Chahuites está grabado. Ahora falta saber si alguien con la obligación de escucharlo lo hará antes de que sea demasiado tarde.
Las acusaciones contenidas en esta crónica, incluyendo las que involucran a la presidenta municipal de San Pedro Tapanatepec, deben ser investigadas de manera imparcial y exhaustiva por las autoridades competentes.

