
Alcalde de Tuxtepec prioriza espectáculo de Karely Ruiz sobre servicios básicos y carencias en las colonias
El alcalde de Tuxtepec, Oaxaca, Fernando Huerta Cerecedo, enfrenta una severa ola de críticas tras la contratación de la influencer Karely Ruiz, para el Carnaval 2026. La molestia ciudadana radica en la aparente desconexión entre el gasto festivo y la realidad del municipio. Mientras la influencer desfilaba, persisten demandas históricas de servicios públicos básicos.
La polémica se intensificó al revelarse que la modelo arribó en un jet privado costeado con recursos públicos. Este lujo excesivo resulta insultante para las familias que habitan en colonias marginadas sin acceso a servicios esenciales. El contraste entre el glamour aéreo y las calles deterioradas resulta ofensivo.
Aunque no existe transparencia oficial sobre el contrato, reportes locales estiman un gasto de medio millón de pesos. La opacidad del ayuntamiento alimenta las sospechas de un manejo irresponsable del erario. La falta de un desglose financiero claro impide conocer el impacto total de esta decisión mediática y política.
Y como el alcalde no brinda información del gasto, ciudadanos y críticos cuestionan las prioridades de la administración del Partido del Trabajo en Tuxtepec. Resulta cuestionable destinar medio millón a un espectáculo fugaz mientras las urgencias sociales son ignoradas. La imagen del alcalde junto a la influencer no calma el malestar por las necesidades insatisfechas.
El evento, promocionado para hacer «vibrar» a la ciudad, parece más una estrategia de marketing personal que un beneficio social. Los habitantes señalan que el presupuesto para el vuelo privado pudo invertirse en obra pública. La frivolidad política se impone sobre la gestión eficiente de los recursos municipales.
Tuxtepec padece baches, falta de iluminación y escasez de agua en diversas zonas periféricas del centro urbano. Estas carencias contrastan drásticamente con la logística de alto perfil desplegada para el segundo paseo del carnaval. La indignación crece ante un gobierno que prefiere la popularidad digital sobre el bienestar común.
La ausencia de transparencia oficial mantiene en vilo el costo real de traer a figuras de redes sociales. La rendición de cuentas es nula, dejando a la población con dudas razonables sobre el uso del dinero. El Carnaval 2026 será recordado más por el derroche y la opacidad municipal que por su alegría.

