
494 años después, Oaxaca de Juárez enfrenta pobreza extrema, promesas rotas y un colapso de servicios
Este 25 de abril, la ciudad de Oaxaca celebra su 494 aniversario sumergida en una crisis de servicios básicos sin precedentes. Mientras los discursos oficiales, frente a la Catedral, ensalzan la arquitectura colonial, miles de familias enfrentan la escasez hídrica y el abandono institucional. La capital oaxaqueña llega a esta fecha con heridas profundas que sus autoridades han olvidado curar.
La crisis del agua potable —eje de la campaña de su actual alcalde, Raymundo Chagoya Villanueva— es el rostro más amargo de esta celebración. En colonias como Casablanca y San Martín Mexicapan, el tandeo es una quimera inexistente. Habitantes reportan meses sin una gota en sus tuberías, obligándolos a pagar precios exorbitantes por pipas privadas que erosionan la economía familiar.
Aunado a la sed, el drenaje colapsado en diversas zonas genera focos de infección alarmantes para la salud pública. Los 36 mil 793 habitantes sin servicios básicos representan una mancha de injusticia social. No es falta de técnica, es una ausencia histórica de voluntad política.
La estadística de pobreza es demoledora para una ciudad que presume ser un polo turístico internacional. Con un 34% de la población en pobreza, Oaxaca de Juárez muestra un contraste hiriente. La opulencia del Centro Histórico convive diariamente con la carencia extrema de las periferias olvidadas.
El acceso a la salud es otro derecho constitucional que parece ciencia ficción para casi la mitad de los residentes. Un 49.6% de la población carece de servicios médicos básicos. Estas cifras superan incluso el promedio estatal, evidenciando una gestión municipal que ha fallado rotundamente.
La seguridad social brilla por su ausencia para el 59.3% de los capitalinos. Esta precariedad laboral condena a miles de familias a la incertidumbre constante. Sin protección ante el infortunio, la ciudadanía sobrevive en la informalidad bajo la sombra de autoridades que ofrecen solo promesas.
Las calles de la ciudad también cuentan historias de abandono por parte de la Comisión Federal de Electricidad. El cese de recibos físicos ha provocado cortes masivos de energía en sectores vulnerables. La digitalización forzada ignora la brecha tecnológica, dejando a oscuras a quienes menos recursos tienen para defenderse.
El espacio público es una batalla perdida contra la anarquía y la falta de planeación urbana eficiente. Banquetas obstruidas por el comercio informal y vehículos mal estacionados impiden el tránsito seguro de los peatones. El transporte público, deficiente y grosero, completa un panorama de movilidad caótico para los sufridos usuarios.
La gestión de los residuos sólidos urbanos sigue siendo un talón de Aquiles que nadie logra resolver. La acumulación de basura en las esquinas del patrimonio cultural genera una pestilencia intolerable. Entre la irresponsabilidad ciudadana y la ineficiencia de su gobierno municipal, Oaxaca de Juárez se ahoga lentamente en sus propios desechos.
Llegar a casi cinco siglos de vida debería ser motivo de orgullo y desarrollo social compartido. Sin embargo, la realidad de las fugas de agua y la falta de salud nublan cualquier festejo posible. Oaxaca de Juárez requiere acciones reales, no más eventos vacíos para celebrar una modernidad que no llega.

