
La inteligencia de Estados Unidos, decisiva para ubicar y cercar en Jalisco a “El Mencho”, líder del CJNG
En la sierra fría y boscosa de Tapalpa, en el corazón de Cártel Jalisco Nueva Generación, terminó la cacería del hombre más buscado de México. Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, cayó tras meses de seguimiento silencioso, presión binacional y un operativo quirúrgico que combinó inteligencia extranjera con fuerza militar mexicana.
Durante meses, agencias mexicanas habían delimitado un radio de movilidad en la Sierra de Tapalpa y zonas aledañas a Talpa de Allende. El terreno montañoso, cubierto de bosque y caminos estrechos, ofrecía protección natural. Allí, el líder criminal se sentía seguro, rodeado de su último anillo de escoltas armados.
La localización precisa no fue producto del azar. El Centro Nacional de Inteligencia y la Fiscalía General de la República habían acumulado datos durante meses. Sin embargo, fuentes oficiales reconocieron que la información determinante provino de agencias estadounidenses, que cerraron el cerco tecnológico sobre el objetivo prioritario.
Desde la Casa Blanca se confirmó el suministro de inteligencia específica. La participación de la DEA incluyó monitoreo de comunicaciones, imágenes satelitales y vigilancia aérea con drones espías. Según filtraciones periodísticas, Washington conocía su ubicación exacta antes de que se activara la fase operativa mexicana.
El despliegue comenzó al amanecer del 22 de febrero de 2026. Fuerzas Especiales del Ejército, con respaldo aéreo y elementos de reacción inmediata, irrumpieron en la zona serrana. Vehículos blindados cerraron brechas y helicópteros bloquearon posibles rutas de escape, evitando filtraciones que en el pasado frustraron capturas relevantes.
El plan original contemplaba capturarlo vivo. Sobre su cabeza pesaba una recompensa multimillonaria en Estados Unidos y una solicitud abierta para procesarlo en cortes federales. La intención era asegurar su traslado inmediato a la capital del país y, eventualmente, concretar una extradición expedita.
La reacción fue inmediata y violenta. Al menos ocho sicarios que integraban su círculo de seguridad abrieron fuego con armas de alto calibre. El intercambio fue intenso. Cuatro presuntos integrantes del cártel murieron en el lugar, mientras las fuerzas federales repelían la agresión bajo metralla constante.
Entre el arsenal asegurado destacaron lanzacohetes antiaéreos capaces de derribar aeronaves o dañar blindados. No tuvieron oportunidad de usarlos. Ese hallazgo explicó la cautela extrema en el apoyo aéreo. La posibilidad de que un helicóptero fuera impactado elevó la tensión del operativo y confirmó el nivel de preparación bélica del grupo criminal.
“El Mencho” resultó gravemente herido durante el enfrentamiento. A diferencia de versiones iniciales que lo daban por abatido en tierra, fue capturado con vida junto a dos acompañantes también lesionados. Dos presuntos sicarios más fueron detenidos sin heridas graves, entre ellos un hombre identificado preliminarmente como Mario Alfonso “N”.
El traslado aéreo hacia la Ciudad de México se realizó bajo estrictas medidas de seguridad. El objetivo era practicar pruebas periciales formales: huellas y ADN. Sin embargo, las heridas sufridas durante el tiroteo eran críticas y complicaron cualquier intento de estabilización en vuelo.
Fuentes cercanas a la investigación señalaron que falleció durante el trayecto, antes de llegar a instalaciones federales. Los otros dos heridos capturados también murieron en el traslado. La versión oficial sostiene que las lesiones eran incompatibles con la vida sin atención hospitalaria inmediata.
La muerte en ruta alimentó especulaciones sobre si se buscó evitar un juicio o extradición. No obstante, hasta el momento no existe evidencia pública que respalde tales versiones. Las autoridades insisten en que el deceso fue consecuencia directa del enfrentamiento armado.
El saldo total fue de siete presuntos integrantes del cártel muertos: cuatro en el sitio y tres durante el traslado, incluido el propio líder. Ninguno de los acompañantes abatidos ha sido identificado públicamente, a la espera de dictámenes periciales concluyentes.
La respuesta criminal no se hizo esperar. Se registraron 252 bloqueos y actos violentos en al menos 20 estados del país, muchos de ellos resueltos horas después. La reacción evidenció la capacidad de movilización del grupo ante la caída de su máximo dirigente.
Aunque el abatimiento marca un golpe simbólico y operativo contra el CJNG, el desafío persiste. La estructura del cártel, extendida y fragmentada, deberá reacomodarse. La operación en Tapalpa mostró que la cooperación binacional puede ser decisiva, pero también que la violencia de reacción sigue latente.

