
POLÍTICA EXPRÉS | *El cochinero revocatorio en #Oaxaca coloca a Morena a remar cuesta arriba rumbo a 2027
Antes de la consulta de revocación de mandato, Salomón Jara ya gobernaba bajo una nube de desconfianza. Encuestas internas y percepciones ciudadanas marcaban hasta 90 por ciento de desaprobación en Oaxaca, atribuida al nepotismo descarado y a una corrupción que contradijo pronto la promesa moral de la autodenominada “primavera oaxaqueña”.
El manejo discrecional de recursos públicos y la colocación de familiares y allegados en posiciones estratégicas erosionaron rápidamente la credibilidad del gobernador. Para muchos votantes, Morena comenzó a parecerse peligrosamente a los viejos vicios que decía combatir, generando un malestar silencioso que la dirigencia nacional prefirió ignorar antes que corregir.
Ese malestar estalló con la consulta del 25 de enero de 2026. Lejos de fortalecer su legitimidad, Jara abrió la caja de Pandora. Votos fantasma, sufragios cuadruplicados y caídas sospechosas del sistema evidenciaron una operación política burda, más cercana al manual priísta de los ochenta que a un ejercicio democrático auténtico.
Los datos son demoledores: pese a la millonaria inversión pública, la participación apenas alcanzó 29.9 por ciento, muy lejos del 40 requerido para ser vinculante. En la casilla donde votó el propio gobernador, más del doble de ciudadanos exigieron su salida, reflejando un rechazo contundente.
En la capital oaxaqueña, siete de cada diez votantes se pronunciaron contra Jara. Ese resultado no puede minimizarse. Revela un gobernador políticamente débil en el principal centro urbano del estado, incapaz de convencer incluso a quienes suelen respaldar a Morena en elecciones constitucionales.
El papel del IEEPCO agravó la crisis. Caídas del sistema, coacción, compra de votos y alteración de actas fueron documentadas en al menos 700 urnas. La autoridad electoral, lejos de ser árbitro, apareció como cómplice de un “cochinero” que indignó a amplios sectores sociales.
Las 61 casillas “zapato” fueron la gota que derramó el vaso. En municipios como Santa Lucía del Camino, en donde gobierna el morenista Juan Carlos García Márquez, se registraron participaciones imposibles. El PT denunció amenazas a cientos de representantes, mientras la ciudadanía revivía el peor recuerdo del fraude institucionalizado que Morena prometió desterrar.
En contraste, pueblos originarios donde no prosperó la manipulación votaron mayoritariamente por revocar el mandato. Ahí, el hartazgo fue claro. La narrativa de la primavera oaxaqueña “que nunca floreció” se consolidó, amplificada por evidencias absurdas como casillas con un voto cada 22 segundos.
Aunque a nivel nacional Morena mantiene ventaja, en Oaxaca el daño está hecho. La corrupción, el nepotismo, la persecución contra periodistas y medios independientes, la asociación con personajes cuestionados y el fraude revocatorio han alienado a los votantes independientes. La elección de 2027, donde se renovará la Cámara de Diputados, se perfila cuesta arriba.
Perder la mayoría simple en la Cámara de Diputados federal abriría grietas para futuras reformas de la presidenta Claudia Sheinbaum. Jara no solo debilitó su gobierno; comprometió al proyecto nacional. La revocación no lo fortaleció: exhibió que, cuando el poder se ejerce con mapachería, la factura política siempre llega.

