POLÍTICA EXPRÉS | *Entre el discurso y la burla: los vaivenes del criterio de Salomón Jara

POLÍTICA EXPRÉS | *Entre el discurso y la burla: los vaivenes del criterio de Salomón Jara

Los recientes posicionamientos del gobernador Salomón Jara Cruz evidencian una preocupante oscilación de criterio. En cuestión de días, el mandatario ha pasado de reconocer el descontento ciudadano a minimizarlo con frases burlonas. Esa inconsistencia discursiva desconcierta hasta a sus colaboradores, pues erosiona confianza, debilita liderazgo y abre dudas legítimas sobre su desempeño al frente del gobierno de Oaxaca.

La consulta de revocación de mandato funcionó como un termómetro político. Más allá de los porcentajes, reveló inconformidades más que evidentes en regiones estratégicas. Sin embargo, el gobernador parece leer los resultados según el foro y el ánimo del momento. En entrevistas formales habla de respeto; en actos públicos opta por la descalificación.

El contraste es más evidente frente a la postura de Ricardo Monreal Ávila. El coordinador de los diputados federales reconoció alertas internas en Morena tras perder en Oaxaca distritos clave, asumiendo que la voz ciudadana exige correcciones. Esa autocrítica, poco común, exhibe por comparación la fragilidad del discurso del mandatario oaxaqueño ante los resultados adversos.

Mientras Monreal expone que la revocación no fue un trámite, Salomón Jara parece reducirla a una anécdota favorable. Minimizar la participación que buscó revocarlo, bajo el argumento de que “le hicieron lo que el viento a Juárez”, sugiere desconexión con el pulso del estado, con una ciudadanía que sí quiso enviar un mensaje político claro.

La postura de César Mateos, vocero de Morena en el Congreso local, aporta un punto medio. Reconoce errores, evita excusas fáciles y defiende el mecanismo democrático. No es una autocrítica contundente, pero sí coherente. Esa moderación contrasta con la volatilidad del gobernador, que un día promete diálogo y otro desacredita opositores.

El problema no es solo de estilo, sino de fondo. Gobernar implica coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Cuando el discurso cambia según la audiencia, se proyecta improvisación. En un estado complejo como Oaxaca, esa falta de claridad puede profundizar tensiones sociales, políticas y regionales ya existentes.

Además, el contexto nacional e internacional exige prudencia. La relación con Estados Unidos, los desafíos económicos y el malestar social demandan liderazgo serio. La actitud hostil o burlona frente a la crítica no fortalece al gobierno; por el contrario, transmite una imagen de soberbia que suele cobrarse factura política.

El doble discurso también debilita a Morena en Oaxaca. Mientras algunos cuadros llaman a revisar políticas y escuchar a las bases, el gobernador parece cerrar filas desde la autosuficiencia. Esa contradicción interna puede agravar la pérdida de confianza en distritos donde ya se encendieron focos rojos durante la revocación.

La consulta ciudadana del domingo 25 de enero no fue un juicio final, sino una advertencia de lo que viene. Ignorarla o trivializarla implica desperdiciar una oportunidad para corregir rumbos. El gobernador aún está a tiempo de demostrar que entiende la señal y que su respeto a la pluralidad no es solo retórico.

En política, la coherencia es un activo esencial. Salomón Jara enfrenta hoy un desafío mayor que ganar consultas: gobernar para todos con claridad, mesura y responsabilidad. Si el discurso sigue oscilando entre la conciliación y la burla, o entre el diálogo y la descalificación, las dudas sobre su criterio dejarán de ser percepciones para convertirse en certezas ciudadanas.

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