
POLÍTICA EXPRÉS | * Error de la 4T destruyó el sistema de salud y ahora arriesga al IMSS e ISSSTE
La autollamada cuarta transformación encabezada por Andrés Manuel López Obrador cometió uno de los errores más costosos y menos reconocidos de su sexenio: desaparecer el Seguro Popular, creado por Fox, sin tener listo un sistema capaz de sustituirlo. AMLO lo justificó con discursos ideológicos, pero ignoró cifras, advertencias técnicas y testimonios médicos que anticipaban el desastre que hoy padecen millones.
Tras eliminarlo, el gobierno de AMLO improvisó el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), un proyecto que nació muerto: sin estructura, sin reglas claras, sin red de hospitales y con un modelo centralizado incapaz de garantizar el abasto. En dos años dejó de existir, pero no sin antes profundizar la crisis y multiplicar el desorden administrativo en todo el país.
El siguiente experimento, IMSS-Bienestar, fue presentado como el “sistema universal” que resolvería décadas de rezago. Pero la realidad lo desmintió rápido. La saturación, el desabasto, las carencias en personal y la incapacidad operativa colocaron a hospitales enteros al borde del colapso. Hoy funciona a pedazos y sin rumbo.
Ahora el gobierno de Claudia Sheinbaum heredó el problema y, en lugar de corregir el rumbo, lo está agravando. Su plan para “acreditar” a los usuarios de IMSS-Bienestar y enviarlos a hospitales del IMSS o del ISSSTE ignora una pregunta obvia: ¿cómo absorberán a millones de no derechohabientes si ya están saturados?
La propuesta abre un riesgo enorme para trabajadores que sí pagan cuotas, tanto en el sector privado como en el federal. Su atención podría deteriorarse gravemente al compartir recursos con una población que no está contemplada en el financiamiento actuarial del IMSS ni en las proyecciones de infraestructura del ISSSTE.
Los dos institutos ya enfrentan déficits históricos, hospitales rebasados, tiempos de espera insostenibles y plantillas incompletas. Forzarlos a recibir a millones de usuarios adicionales sin presupuesto suficiente es una bomba de tiempo que amenaza con reventar la única red de seguridad médica que aún funciona medianamente en México.
Paradójicamente, la 4T destruyó un sistema imperfecto —el Seguro Popular— pero funcional, para reemplazarlo con tres modelos fallidos: INSABI, IMSS-Bienestar y ahora la propuesta e improvisada absorción en IMSS e ISSSTE. Cada intento ha sido peor que el anterior, dejando un saldo de desorganización, desabasto y un costo humano irreparable.
Los defensores de estas reformas insisten en que el objetivo es “universalidad”, pero sin inversión, planeación ni eficiencia, la universalidad se vuelve demagogia. Ningún país puede ampliar derechos recortando presupuesto por persona, cancelando convenios hospitalarios y eliminando redes que sí ofrecían tratamientos oportunos para enfermedades graves.
Lo más preocupante es que el gobierno insiste en avanzar a ciegas, sin escuchar a médicos, especialistas, sindicatos ni derechohabientes. El riesgo es mayúsculo: si sobrecargan la estructura del IMSS y del ISSSTE, podrían quebrar dos instituciones esenciales para millones de trabajadores que sí sostienen el sistema con sus cuotas.
Ojalá, por el bien del país, no terminen destruyendo también al IMSS y al ISSSTE. México no soportaría el colapso de su última barrera sanitaria. Ya vimos lo que significó desmantelar un sistema sin tener uno mejor preparado. Repetir el error sería no solo imperdonable, sino fatal.

