
Dispendio y acarreo en Pochutla: Ayuntamiento y Saymi se unieron para aplaudir a Jara, rumbo al 2028
En San Pedro Pochutla, municipio de la Costa de Oaxaca, más de cinco mil personas fueron movilizadas este 10 de diciembre para la Gira Estatal de Rendición de Cuentas del gobernador Salomón Jara Cruz. Lo que se presentó como un acto ciudadano terminó siendo un espectáculo político financiado con recursos públicos para inflar el respaldo al mandatario estatal.
El Ayuntamiento local y la Secretaría de Turismo, encabezada por Saymi Pineda, desplegaron una logística costosa que incluyó transporte, organización y difusión, todo para garantizar un escenario lleno y dispuesto a corear consignas a favor del gobernador. El uso discrecional del presupuesto volvió a evidenciarse sobre prioridades institucionales en una región marcada por carencias básicas.
Aunque el evento presumió avances en infraestructura y turismo, su escala y montaje evidenciaron más un ejercicio de propaganda y posicionamiento político que una verdadera rendición de cuentas. La asistencia multitudinaria, presentada como una muestra de “respaldo popular” al
mandatario, ocultó el gasto excesivo detrás de un acto diseñado para agradar al jefe del Ejecutivo.
Saymi Pineda Velasco emergió como la figura central, encabezando porras, recibiendo elogios del gobernador y aprovechando el acto para proyectarse políticamente rumbo a sucesión gubernamental en 2028. Su creciente protagonismo reforzó la percepción de que su interés está subordinado a sus aspiraciones electorales.
Los recursos destinados al evento contrastan con las necesidades urgentes de las comunidades indígenas y rurales de la región. En lugar de dirigir inversión hacia salud, educación o infraestructura básica, se privilegió garantizar un mitin con estética triunfalista y narrativa controlada.
Delegaciones provenientes de municipios como Santos Reyes Nopala y San Pedro Mixtepec llegaron con banderas y consignas, muchas veces organizadas desde los propios ayuntamientos. La imagen de “músculo comunitario” que el gobierno quiso proyectar oculta la pregunta esencial: ¿cuántos de esos asistentes acudieron por convicción y cuántos por presión o acarreo disfrazado?

