
POLÍTICA EXPRÉS | * La continuidad del engaño: Sheinbaum hereda y perfecciona la manipulación estadística de AMLO
La presidenta Claudia Sheinbaum repite el libreto de su antecesor: presentar gráficas coloridas en las conferencias matutinas y proclamar una supuesta “reducción histórica” en los homicidios. Pero la realidad es distinta. En 7 años, México acumula más de 208 mil asesinatos desde el inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, una cifra sin precedente.
El discurso triunfalista de la Cuarta Transformación pretende maquillar con porcentajes lo que los hechos niegan. Bajo Calderón se registraron 120 mil homicidios, con Peña Nieto 156 mil, y en la era de AMLO y Sheinbaum, el país alcanzó un récord de sangre. A pesar de las promesas de “pacificación”, la violencia no ha cedido: se ha normalizado.
Sheinbaum presume un supuesto -28% en homicidios durante su primer año, pero esa reducción parte de niveles absurdamente altos. No hay mérito en bajar desde el abismo. Comparar con el pico de violencia de Calderón es una manipulación aritmética diseñada para fabricar una ilusión de éxito donde solo hay fracaso.
Los datos duros desnudan la farsa. En 2007, el año con menos homicidios en un cuarto de siglo, se registraron 8 mil 867 muertes. En cambio, el 2020, bajo AMLO, alcanzó 36 mil 773 asesinatos, el más violento de la historia moderna. Ningún descenso porcentual puede justificar semejante tragedia.
A ello se suma la crisis de desaparecidos, otro indicador del colapso institucional. Con López Obrador fueron 54 mil, el doble que en el sexenio anterior. Sheinbaum, en apenas un año, ya acumula más de 15 mil, una cifra equivalente a casi todo el sexenio de Calderón. La herida humanitaria sigue abierta.
Mientras el gobierno celebra “descensos mensuales del 37%”, los reportes oficiales estiman que 2025 cerrará con entre 25 y 30 mil homicidios. No hay mejora real, solo una narrativa cuidadosamente manipulada para convencer a los ciudadanos de que la 4T “funciona”.
La trampa radica en la base de comparación. Al medir sus supuestos logros contra los peores años del pasado, inflan resultados y distorsionan la percepción pública. Así, cualquier reducción parece épica, aunque México siga sumido en un baño de sangre y miedo cotidiano.
En los estados más golpeados —Guanajuato, Michoacán, Guerrero y Estado de México— la violencia no solo persiste: se recrudece. Los grupos criminales se reconfiguran, las detenciones se multiplican sin desmantelar estructuras, y las víctimas se apilan en fosas que el gobierno prefiere no mirar.
Sheinbaum, como López Obrador, culpa al pasado y presume porcentajes. La narrativa del cambio es solo eso: narrativa. La 4T no transformó nada esencial; perpetuó la impunidad y refinó el arte de la simulación estadística para mantener viva la ilusión de control.
México sigue siendo rehén de conferencias y gráficas engañosas, sin resultados tangibles: cada vez hay más cadáveres, menos justicia y menos Estado. La administración de Sheinbaum, sucesora de AMLO, no ha contenido la violencia; la ha multiplicado bajo un discurso de victoria. Y mientras tanto, el país sigue contando muertos.

