POLÍTICA EXPRÉS | * México repite la receta venezolana: asistencialismo, deuda creciente y futuro comprometido

POLÍTICA EXPRÉS | * México repite la receta venezolana: asistencialismo, deuda creciente y futuro comprometido

En 2006, los socialistas venezolanos presumían que la pobreza había caído a mínimos históricos bajo el chavismo. Mostraban cifras triunfalistas y se burlaban de la oposición, acusándola de exagerar cuando advertía riesgos. Quince años después, el colapso económico demostró que la receta populista fue un fraude que hundió al país.

El populismo de Chávez y Maduro se basó en una fórmula peligrosa: regalar dinero sin generar riqueza. Las “misiones sociales” de Venezuela sirvieron para comprar lealtades, mientras se destruía el aparato productivo. La ilusión de bienestar fue efímera, sostenida con renta petrolera que, al agotarse, destapó la tragedia económica y social.

Hoy México atraviesa un espejo inquietante. Andrés Manuel López Obrador, primero, y ahora Claudia Sheinbaum aplican políticas similares: pensiones y apoyos indiscriminados como bandera electoral. Aunque millones celebran esos programas, la economía muestra señales de fatiga. Ningún país puede sostenerse repartiendo recursos sin invertir en empleo, innovación y productividad.

La deuda pública mexicana suma ya 17.797 billones de pesos, equivalente al 49.5% del PIB: nueve billones de ellos acumulados en los últimos siete años (seis de AMLO y 1 de Sheinbaum). A ello se agrega un déficit proyectado del cinco por ciento para 2025, cifra alarmante que compromete la estabilidad financiera. Es el mismo camino que transitó Venezuela antes del colapso económico y la hiperinflación.

En Venezuela, la pobreza alcanzó niveles cercanos al 90% tras el fracaso socialista. En México, aunque los indicadores aún no reflejan un desastre semejante, las señales de alerta son muchas: informalidad laboral en ascenso, caída de la inversión privada y gasto público desbalanceado en programas asistenciales poco productivos.

El gasto en pensiones ya supera la suma de lo invertido en salud y educación. Solo en los primeros siete meses de 2025, se destinaron 1.18 billones de pesos a pensiones contributivas y no contributivas, contra 1.05 billones en salud y educación. La brecha continuará creciendo peligrosamente.

Esto refleja una distorsión profunda en las prioridades nacionales. En lugar de garantizar futuro a través de escuelas y hospitales, el gobierno concentra recursos en programas clientelares. El beneficio inmediato a ciertos sectores electorales se impone sobre las necesidades estructurales que podrían detonar desarrollo y mejorar la competitividad del país.

El populismo convierte derechos en regalos y ciudadanía en clientela. Así ocurrió en Venezuela, donde los programas sociales terminaron destruyendo instituciones y sometiendo al Poder Judicial al control del régimen. México repite la fórmula: concentración de poder, debilitamiento institucional y dependencia creciente de millones hacia las transferencias estatales.

Desde 2019, muchos simpatizantes de Morena han respondido con sorna a las críticas preguntando: “¿Ya somos Venezuela?”. La pregunta dejó de ser un chiste. Aunque México aún conserva ventajas económicas, la ruta de endeudamiento, asistencialismo y captura institucional muestra paralelismos preocupantes con la experiencia venezolana. La historia advierte.

El verdadero desafío no es si México terminará idéntico a Venezuela, sino si queremos arriesgarnos a repetir su caída. Un país no se construye repartiendo dinero, sino fomentando empleo, educación y productividad. Persistir en la ruta populista de AMLO y Sheinbaum podría hipotecar el futuro de generaciones enteras.

 

 

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