
Salomón Jara tiene nueva ocurrencia: busca “mejorar su gobierno” con cotones y huipiles; funcionarios deberán disfrazarse todos los miércoles
La autodenominada “primavera oaxaqueña” de Salomón Jara por fin floreció con una ocurrencia digna de concurso de disfraces: obligar a burócratas a vestirse con ropa y vestidos típicos cada miércoles. Porque claro, si la administración no puede garantizar transparencia, seguridad y buen gobierno, al menos puede garantizar que sus empleados parezcan souvenir de mercado artesanal.
El argumento oficial es conmovedor: preservar la cultura indígena frente a las malvadas marcas extranjeras que plagian huipiles. La solución gubernamental, sin embargo, no es apoyar a artesanas ni fortalecer economías comunitarias, sino convertir oficinas en pasarelas de “folklor institucionalizado”. Ni un peso extra, solo más tela.
Los trabajadores, que ingenuamente creían ser contratados para funciones administrativas y no para performance etnográfico semanal, reportan incomodidad. Pero la orden viene de arriba, disfrazada de inclusión, aunque suene más a imposición. Porque nada dice “transformación” como obligar a tu plantilla a parecer estampita de turismo oficial.

En redes, la creatividad estalla: memes de “funcionarios cosplay” y críticas que preguntan si la indumentaria resuelve corrupción, pobreza o falta de medicinas. Mientras los ciudadanos esperan soluciones, la agenda cultural del gobierno se resume en uniformar a los burócratas como si Oaxaca fuera un eterno Guelaguetza corporativa.
Expertos en derechos laborales advierten que imponer trajes típicos no se lee muy inclusivo. Pero aún no hay denuncias: tal vez nadie quiere pasar a la historia como el primer mártir contra el cotón y el huipil obligatorio. Jara, entre tanto, sonríe, porque en su “primavera” las flores son de manta bordada.

