
POLÍTICA EXPRÉS | * Militarización de Trump expone la peligrosa inacción mexicana contra cárteles
El reciente informe del New York Times sobre la directiva secreta de Donald Trump al Pentágono marca un momento inquietante para la política antidrogas internacional. Al ordenar el uso del Ejército contra cárteles latinoamericanos, su administración rompe con décadas de enfoque policial, abriendo la puerta a una peligrosa militarización.
Aunque la medida podría interpretarse como una respuesta contundente al tráfico de fentanilo y otras drogas, también refleja un profundo fracaso colectivo, porque ni Estados Unidos ni México han logrado desarticular de manera sostenida estructuras criminales como el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación, el Cártel de Juárez o el Cártel del Golfo.
La estrategia de declarar a estos grupos como organizaciones terroristas extranjeras o terroristas globales especialmente designados busca justificar sanciones y operaciones militares directas. Sin embargo, más que una solución, puede ser un pretexto para intervenciones unilaterales que tensen las relaciones con países soberanos, incluido México.
El gobierno mexicano, por su parte, parece atrapado en una inacción crónica. La captura de cabecillas aislados no ha debilitado a organizaciones como el Cártel de Juárez, que continúa operando con impunidad y capacidad de corrupción en amplios territorios, desde las fronteras hasta los centros logísticos del país.
Mientras Washington planea incursiones, en México la estrategia de “abrazos, no balazos” —aunque se ha ido disipando de manera muy gradual— ha derivado en un repliegue operativo. Según la visión de Trump, las Fuerzas Armadas mexicanas, convertidas en todoterreno administrativo, han perdido capacidad efectiva para confrontar a grupos criminales que, en algunos estados, actúan como autoridades de facto.
El peligro de una intervención militar directa estadounidense radica no solo en la soberanía, sino en el precedente: si el Pentágono actúa en territorio extranjero contra cárteles, México podría quedar expuesto a operaciones que, en la práctica, ignoren la coordinación diplomática o el consentimiento gubernamental.
Es innegable que el narcotráfico es un problema transnacional. Sin embargo, su raíz está en la corrupción local, la impunidad judicial y la capacidad de estos cárteles para infiltrar gobiernos municipales, estatales y federales. Ninguna incursión militar extranjera resolverá un cáncer político y social que México ha tolerado durante décadas.
La narrativa de “guerra” contra el narcotráfico ha sido usada antes, con resultados desastrosos: aumento de la violencia, desplazamientos internos y expansión de los grupos criminales. El caso de la militarización iniciada en 2006 en México es un ejemplo claro de cómo las medidas de fuerza sin estrategias integrales fracasan.
Si bien la directiva de Trump muestra determinación, también evidencia un peligroso unilateralismo. Sin coordinación efectiva con los países involucrados, esta política podría derivar en conflictos internacionales, violaciones a derechos humanos y una mayor complejidad en el ya enredado escenario geopolítico de América Latina.
México, también, debe asumir un papel más firme. La inacción ante Sinaloa, CJNG, Golfo y Juárez ha permitido su expansión. Antes de que tropas extranjeras decidan actuar por su cuenta, el Estado mexicano tiene la obligación moral y política de recuperar el control territorial y garantizar la seguridad de su población.

