POLÍTICA EXPRÉS | * El regaño presidencial que exhibió la crisis del sector salud en #Oaxaca

POLÍTICA EXPRÉS | * El regaño presidencial que exhibió la crisis del sector salud en #Oaxaca

El enojo de la presidenta Claudia Sheinbaum no fue gratuito. Se negó a inaugurar el Hospital General de Tuxtepec en julio porque simplemente no estaba listo. No había equipo completo, insumos ni condiciones mínimas para operar. ¿Qué pretendían Salomón Jara y Alejandro Svarch? ¿Engañar a la nación?

La escena fue penosa. Un hospital que costó 2 mil 300 millones de pesos y tardó cinco años en concluirse, sigue sin operar plenamente. Aun así, el gobernador de Oaxaca y el director del IMSS Bienestar lo “inauguraron” este lunes sin la mandataria. Pusieron por delante la simulación política, no la salud pública.

La presidenta fue clara: no se puede abrir un hospital sin que esté equipado, con médicos suficientes y condiciones de atención digna. Lo demás es propaganda. En cambio, los funcionarios estatales y federales se aferraron al espectáculo mediático y no al cumplimiento de la responsabilidad sanitaria que les toca.

La omisión de Salomón Jara y Alejandro Svarch raya en lo irresponsable. El primero presume un “compromiso cumplido” cuando no ha entregado nada funcional. El segundo habla de especialidades y contrataciones, pero los médicos sindicalizados advierten que ni los insumos ni el personal están completos. ¿A quién le creemos?

El personal médico lo ha dicho con claridad: se necesita al menos el triple de trabajadores, hay fallas en servicios básicos, y la mudanza fue precipitada. ¿Cómo pretenden atender a más de un millón de personas sin siquiera terminar áreas como lavandería, laboratorio y farmacia? La realidad contradice los discursos.

La falta de planeación y transparencia en esta obra emblemática refleja un patrón preocupante: la salud no es prioridad, sino herramienta electoral. ¿Dónde quedó la vigilancia del IMSS Bienestar? ¿Qué hizo el gobierno estatal para garantizar una entrega ordenada y completa? Todo apunta a improvisación disfrazada de gestión.

El regaño presidencial debió encender alarmas. Pero en lugar de corregir, los responsables optaron por apurar una inauguración ficticia, burlando incluso la advertencia de Sheinbaum. ¿Con qué autoridad moral hablan de transformación cuando permiten este tipo de fraudes institucionales? ¿Quién responde si mañana hay una emergencia y el hospital no puede operar?

Más allá del bochorno político, está la urgencia social. La Cuenca del Papaloapan necesita servicios médicos funcionales, no escenarios de cartón. Cada día de retraso en la apertura real del hospital representa vidas en riesgo, mujeres sin atención materna, enfermos sin tratamientos y familias que siguen peregrinando por atención.

No es la primera vez que una obra pública en Oaxaca termina como promesa vacía. Pero esta vez no hay pretexto válido. El dinero estaba, el apoyo federal también. Lo que faltó fue oficio, coordinación y voluntad de hacer bien las cosas. El costo no es político: es humano.

Salomón Jara y Alejandro Svarch deben rendir cuentas. La salud no puede seguir atrapada entre aplausos forzados y negligencia administrativa. O se terminan de verdad los hospitales, o se detiene esta farsa. Porque lo que está en juego no es la imagen de un gobierno, sino la vida de miles de oaxaqueños.

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