Se solidariza ciudadanía con migrantes; negocios cambian comida oaxaqueña por venezolana

Se solidariza ciudadanía con migrantes; negocios cambian comida oaxaqueña por venezolana

Estudiantes del Instituto de Estudios Superiores del Istmo de Tehuantepec (IESIT) demostraron solidaridad hacia la comunidad migrante que reside en el albergue de migrantes de ciudad Ixtepec, donde realizaron actividades de asistencia en salud dental, atención médica y consultas psicológicas.

Este grupo de estudiantes de enfermería y medicina decidieron contribuir con sus conocimientos para aliviar las necesidades de aquellas personas que buscan alcanzar el «sueño americano».

En el albergue migrante «Hermanos en el Camino», estudiantes de odontología, medicina y psicología instalaron tres módulos de atención.

Marcelo Indiosaraya Copa, estudiante de enfermería, explicó que, como pasantes, recibieron formación para ser solidarios y, sobre todo, para preservar la salud de las personas, especialmente de aquellos que han tenido que abandonar sus países en busca de una mejor calidad de vida.

En el área médica, bajo la supervisión de médicos, los estudiantes identificaron las principales enfermedades que afectan a la población migrante en el Istmo de Tehuantepec, como el dengue y la gripe, y les dieron tratamientos.

En tanto, en Oaxaca capital, se ha dejado de cocinar platillos típicos oaxaqueños en los puestos de comida ubicados en las cercanías de las terminales de autobuses, paraderos de taxis y en la misma zona del mercado de abasto, donde ahora es más redituable vender comida elaborada por migrantes.

Es el caso de un puesto ubicado en dicho mercado, donde una mujer que vendía tacos y tlayudas decidió cambiar su giro para empezar a vender comida venezolana, que les deja más ganancia y un mayor número de clientes.

Ante el arribo de los migrantes a la ciudad que han empezado a concentrarse cerca de las terminales de autobuses, muchos de sus clientes que antes consumían tacos, memelas, quesadillas y tlayudas dejaron de llegar lo que empezó a provocarle pérdidas al negocio.

En respuesta a esta situación, la propietaria, Alma Laura Saldívar, tuvo la idea de elaborar comida para migrantes a fin de recuperar sus ventas y clientela. Con la ayuda de varios de ellos, empezaron a elaborar alimentos de nacionalidad venezolana y fueron los originarios de aquel país los que les enseñaron a prepararlos.

Para ello se contrató a varios cocineros de esa nación, que ahora son los que encargados de atender el negocio al que hoy, con ese giro, le va mejor que antes.

En el local el platillo favorito y de mayor éxito entre los migrantes es el pabellón criollo, que está elaborado a base de arroz, frijol, plátano frito y chuletones, carne mechada o huevo sin picante.

 

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