CONTRAFUEGO … «Frente Amplio, sauna general» por Aurelio Ramos Méndez

CONTRAFUEGO … «Frente Amplio, sauna general» por Aurelio Ramos Méndez

Si Xóchitl Gálvez tuviese un mínimo de decencia y de pudor, ya hubiera renunciado a su aspiración de ser candidata a la Presidencia por el Frente Amplio por México.

Y si la impudicia de quienes la promueven no fuese descomunal, ya hubieran desistido de su empeño.

Tendría que ser así porque es insostenible la postulación de una corruptaza de espanto, que no sólo ha mentido sino que se ha burlado de los ciudadanos.

Investigaciones periodísticas serias han documentado que en 18 años de compinchería con los gobiernos de Fox, Calderón y Peña esta panista se llevó en la petaca la bicoca de ¡64 y medio millones de pesos!

Con un pilón de 9 millones otorgados por la 4T, que ella atribuye a la alta calidad de los servicios que vende, no a cochupos con agentes de un gobierno al que a diario aborrece y denuesta.

Datos publicados por el Presidente López Obrador, sin embargo, disparan el monto de los contratos obtenidos por la legisladora, en tan sólo nueve años, a la friolera de ¡1,400 millones de pesos!

¿Cómo se agenció Xóchitl semejante millonada? Mediante la compra de servicios a sus empresas High Tech Services y Operación y Mantenimiento de Edificios Inteligentes, autorizadas desde las alturas, de manera directa, sin licitación alguna.

Adquisiciones que destilan corrupción, gestionadas vía el tráfico de influencias, con una red de socios y contactos tejida desde los cargos públicos.

Se antoja escandalosa la nominación de Gálvez; pero, bien visto el asunto, la hidalguense no hace más que aprovechar la oportunidad que le ofrecen los culpables directos de la fertilización de la deshonestidad en la política.

Dice mucho de los artífices de la alianza opositora el que en el naipe de trece aspirantes hayan incluido a Xóchitl y personajes de extenso prontuario delictivo.

Hablamos de políticos y exfuncionarios a todas luces descalificados, presuntos delincuentes, acusados de vínculos con el crimen organizado, uñilargos que incurrieron en peculado y le metieron mano al patrimonio de todos los mexicanos.

¡Cómo que quiénes! Silvano Aureoles y Francisco García Cabeza de Vaca, por sólo citar a dos, cuyos perfiles resaltan con mirar por encimita la nómina de prospectos.

Las trapacerías de estos presuntos delincuentes cobijados por el Frente, han sido profusamente ventiladas, sin que ninguno haya sido capaz de disipar dudas, dar explicaciones convincentes sobre su conducta, limpiar su imagen.

Por lo mismo, los ciudadanos ven con perplejidad el trato comedido, deferente, decididamente protector que los pillos merecen de los dirigentes de la alianza.

Pareciera que contar con un currículo delictivo es prerrequisito para entrar al juego democrático en la oposición.

Tienen nombre y apellidos los cultores de la corrupción. Por encima de todos, el empresario Claudio X. González, cuya estrábico membrete Mexicanos Contra la Corrupción no ha visto las transas de Xóchitl.

Y los dirigentes partidistas Marko Cortés, Alejandro Alito Moreno y Jesús Zambrano, así como políticos, intelectuales, estrategas y periodistas, entre éstos Felipe Calderón, Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, Roberto Madrazo, Lorenzo Córdova, Carlos Loret de Mola…

Sobre ellos y otros adversarios del gobierno federal deben posarse las miradas, ahora que la alianza presenta el aspecto de un sauna general, al que un piquete de políticos irrumpió no por higiene sino para lavarse la cara y bruñir su pasado.

La inclusión en el combo de aspirantes tendrá un efecto purificador y profiláctico. ¿Quién podrá creer, después de semejante distinción, que el político fulano es un ladrón, si contendió para dirigir los destinos de la Patria?

Se entiende que la lista de aspirantes del Frente esté saturada de cleptómanos.

No podía ser de otro modo, si entre quienes los propusieron, palomearon o avalaron se halla Alito Moreno, personaje cuya fama pinta de cuerpo entero a la oposición.

La política, en efecto, no es la actividad más limpia y noble, y los políticos están expuestos a toda clase de calumnias, aun las más infames.

No es infundado el dicho según el cual “si quieres saber quién es tu padre, metete a la política”.

En el caso específico de Xóchitl Gálvez las pruebas son abrumadoras, de fuentes oficiales, confiables. Y hasta corroboradas por ella misma.

Denuncias sobre su vasto patrimonio han sido recurrentes por años. Y ante su creciente protagonismo electoral algunos medios han compilado esas denuncias, o las han reforzado y complementado.

Una de las acusaciones concierne a contratos que recibió en tiempos de Fox, cuando fungió como titular de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

–¿Recibió en ese entonces millonarios contratos la empresa de su esposo, Rubén Sánchez Manzo? –le preguntó a Xóchitl un periodista por estos días.

La respuesta:

“Millonarios, no. Fueron 14 pequeños contratos de mantenimiento”.

Los documentos dicen otra cosa. Las empresas de Gálvez recibieron de Fox contratos por 5 y medio millones de pesos. Con Calderón se embolsó 10 millones y con Peña Nieto 17 millones.

Fue en el organismo autónomo INAI –al que tan ardorosamente defiende– donde la suerte le sonrió de verdad. ¡32 millones de pesos importaron los contratos ahí suscritos!

Las pruebas difundidas son contundentes, no admiten dudas ni confusiones; pero la hidalguense, contra toda evidencia y carcajeándose de los mexicanos, niega la veracidad de las mismas.

Les corresponde entonces actuar a los ciudadanos, por más que ella alegue –como ya hace– violencia política de género.

Si finalmente llegara Xóchitl a contender en las urnas no debería merecer ni un solo voto.

O, no tendríamos derecho luego de quejemos de la espesa corrupción que inspiraría su eventual gobierno.

BRASAS

En más de 300 puntos del país y aun en el extranjero Morena inició este domingo la realización de asambleas con miras recoger opiniones de ciudadanos para confeccionar el Proyecto de Nación 2023-2030.

Se trata del único ejercicio de este tipo que reviste relativa seriedad y podría traducirse en hechos.

En las filas de la oposición menudean propuestas de todo género, algunas atinadas y otras no tanto; pero están destinadas al fondo del cajón de los trebejos.

Los candidatos quitapón de la alianza Va por México se desgañitan en la formulación de planteamientos –algunos serios, otros meras ocurrencias–, ninguno de los cuales tiene futuro.

Deberían comenzar estos aspirantes por explicarles a los electores cómo harán para que sus copiosas ideas consigan configurar una corriente de opinión favorable, que las haga trascender su condición de simple choro.

Y, acto seguido, que nos digan cómo conseguirán prefigurar la mayoría parlamentaria necesaria para avalar tales ideas –con real o supuesto respaldo popular—y hacer que adquieran factibilidad.

Que pasen de la mera ocurrencia a su conversión en ley o programa concreto de gobierno.

No hay modo de que esto pueda ser realidad. Ni juntos ni por separado los opositores en el Legislativo pueden activar la luz verde para sus copiosas ideas.

En el caso de Morena, guste o no a sus adversarios, se trata del partido que ya es mayoría absoluta en las cámaras legislativas, va en pos de la mayoría calificada, y llegado el caso, podría hacer realidad su ideario o propuestas de gobierno.

Mueven a risa por ello los aspirantes presidenciales que han hecho de los debates un fetiche, y con el pecho inflado ofrecen el oro y el moro y se comprometen a realizar cambios imposibles con la correlación de fuerzas vigente.

Cambios, por lo demás, leves cuando no cosméticos, con relación a lo que ahora tenemos.

Porque ninguno de los actores políticos ofrece transformaciones de fondo, radicales, a la medida de las necesidades del país, dignas de ser tomadas en cuenta como modificaciones cabalmente revolucionarias. De eso no hay por estos lares.

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Se ha dicho y redicho: en el rubro de la seguridad pública se halla el peor fracaso del presente gobierno.

Circunstancia que –¡ni modo!– lo hermana, con diferencia apenas  de matices, con dos gobiernos precedentes, los de Calderón y Peña Nieto.

La delincuencia creció hasta salirse de madre con Calderón, que es a quien le debemos el desastre imperante.

Con Genaro García Luna como secretario de Seguridad y ahora preso por narco, se necesita no ingenuidad sino estulticia para creer que el manejo de la seguridad en el calderonato fue sólo errado. ¡Constituyó una mina de oro, un negocio descomunal!

La administración de Peña nada distinto hizo para intentar resolver el problema, se desentendió, ocupado como estaba en saquear cual pirata todo a su paso.

En el obradorismo el fracaso en seguridad ha sido clamoroso. Buenas y nobles intenciones, pero logros insignificantes, o más bien nulos.

Desde la 4T el prospecto presidencial Marcelo Ebrard propone ahora un programa muy bonito, basado en la tecnología y la inteligencia artificial, el Plan Ángel, infortunadamente inútil.

Se ha dicho con necedad de disco rayado, pero no está de más repetirlo: el problema de la violencia atroz que convulsiona al país persistirá mientras se mantenga la ilegalidad de las drogas.

Como candidato presidencial López Obrador ofreció abrir un debate serio, a fondo y sin prejuicios en torno a este tema.

No es descabellado afirmar que muchos ciudadanos sufragaron a favor del de Macuspana tan sólo por la postura que asumió –de dientes para afuera, ya está claro— con relación a este asunto.

Amlo engañó a gran parte de sus seguidores y Ebrard propone ahora un salto atrás. Otros seis años perdidos.

El excanciller ya ni siquiera habla de debatir y eventualmente legalizar, ofrece librar contra el narco una guerra total con la última tecnología. Lo cual ha implicado un rotundo fracaso en más de medio siglo.

Por lo menos desde 1971, cuando el padre de los Chicago boys, Milton Friedman, recomendó legalizar las drogas como único camino para eliminar la violencia asociada con el tráfico de substancias ilícitas.

De ahí que el Plan Ángel merezca ser rechazado y denominado más bien Plan Belcebú.

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¡Vaya desfachatez la del dirigente panista Marko Cortés!

Dijo que a cinco años de “la política de abrazos a los delincuentes”, nuestro país “está en manos de los criminales”.

Más aún, sostuvo que “estamos viviendo el sexenio más sangriento de la historia”.

Dicho está que la seguridad pública representa el peor fracaso de la 4T; pero, ¿es el líder panista el más autorizado para hablar de la situación que atraviesa nuestro país en este rubro?

Les debe este político logrero una explicación a los mexicanos: ¿Dónde estaba cuando García Luna y Calderón hundieron al país, por regio, suculento negocio, en una atroz violencia?

Un mínimo de vergüenza llevaría a este dirigente a cerrar el pico, incluso por mera conveniencia electoral.

A menos que se crea sus propias mentiras y tome por bobos a los mexicanos, que conocen bien el origen de la violencia que padecemos y no parecen muy interesados en apoyar al PAN en búsqueda de sufragios.

“Al ofrecer (Amlo) abrazos a los delincuentes hizo más fuertes a los cárteles del narcotráfico, cedió el gobierno de amplias zonas del país y abandonó a millones de mexicanos al capricho de la delincuencia”, dijo el panista. ¡Cinicazo!

Apuesta a que los votantes ya olvidaron los episodios de espanto que se vivieron durante el calderonato. Estos sí, terrorismo en toda la extensión de la palabra.

O, ¿no fue para el PAN escalofriante terrorismo el incendio en Monterrey del Casino Royal, con saldo de 52 muertos?

Por respeto a la memoria de las víctimas, un mínimo de decencia no le vendría mal a Marko Cortés y la cúpula del blanquiazul en general.

RESCOLDOS

Con 5.8 millones de empadronados, Jalisco es el tercer estado en importancia demográfica y electoral, después del Estado de México y la capital del país. De ese tamaño es regalo que Enrique Alfaro sueña poner en manos del Frente Amplio para ser admitido con alfombra roja y hueso garantizado. Se antoja cuesta arriba. En la más optimista de las hipótesis, sólo conseguirá partir en dos al Movimiento Ciudadano. Lo veremos…

El aval mediante firmas para aspirantes a candidatos por la oposición ha devenido jugoso negocio. No podía ser de otro modo. Conseguir 150 mil firmas es una estratagema para cerrarles las puertas a prácticamente la totalidad y favorecer, primero, a Xóchitl Gálvez, y en segundo lugar a Santiago Creel. Un solo ciudadano les ha dado su firma a dos, tres y hasta más aspirantes, de la más disímbola ideología. Y se habla de casos de venta de firmas y hasta la constitución de empresas que consiguen tales avales.

aurelio.contrafuego@gmail.com

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