▶ CONTRAFUEGO … «Medios, renos de la oposición» por Aurelio Ramos Méndez
La élite periodística está feliz inmoralmente montada en el intento de asesinato de Ciro Gómez Leyva y convertida ya en la principal fuerza para tirar del trineo de la oposición en el intento de demoler el gobierno federal.
En hipócrita y convenenciera solidaridad con el conductor del noticiario Imagen, ataca con saña inaudita al Presidente López Obrador.
Sobran motivos para criticar con dureza al tabasqueño; pero, ni con la más malvada de las intenciones puede decirse que el frustrado asesinato es uno de ellos.
A pesar de esta extendida certeza, unos 200 periodistas le atribuyeron al Jefe del Estado responsabilidad política en la agresión.
Se trata en realidad de propietarios de medios, concesionarios, directivos, columnistas, conductores de radio y televisión, líderes de opinión…
Lo responsabilizaron en una carta abierta a los ciudadanos, en la cual se quejaron de hostigamiento presidencial a comunicadores críticos.
Ni por error mencionaron sin embargo la parte de responsabilidad que les corresponde en la enconada relación que mantienen con el gobierno.
Hagamos memoria.
La mayoría de esos periodistas, con larga historia de docilidad frente a los sucesivos gobiernos y piezas clave en la obstrucción del camino de Amlo hacia el poder, atemperaron sólo unos días en los inicios de la administración sus ataques al mandatario.
La pausa fue inspirada por el temor de que el nuevo Presidente, a imagen y semejanza de los precedentes, seguiría la tradición de tomar represalias en contra de la prensa, aun la más levemente crítica.
Percatada la crema de la crema del gremio periodístico de que la 4T permitiría una libertad de expresión irrestricta, empezó arremetida.
Reinició la andanada de golpes, insultos, mentiras y aun agravios familiares –niños incluidos– ya no al candidato presidencial de la izquierda sino al Presidente de la República.
Las consecuencias resultaron obvias. En su defensa y réplicas el de Macuspana les dijo sin tapujos verdades de veinticuatro quilates y les alzó la canasta de los negocios y el dinero a los más conspicuos e influyentes medios y comunicadores.
Estos señores otearon entonces el horizonte y, al no atisbar crujías, violencia física ni forma alguna de represalia, le tomaron la medida al mandamás.
Entre las convicciones ideológicas, los principios religiosos, la ruralidad, la supina dejadez y hasta la franca tontería, Amlo parecía no percatarse de que libraba una disputa no por indulgencias ni estampitas del Mundial sino por el gobierno y el poder político.
Dejó hacer y deshacer a sus adversarios –incluidos dueños y concesionarios de medios—quienes acabaron por subírsele a las barbas.
Cuatro años después, al ver el odio, las patrañas y la insolencia que destila la generalidad de los medios, se antoja parafrasear a Aguilar Camín y decirle al ocupante del Palacio: “¡Por pendejo!”.
En la carta pública los periodistas exigieron que se esclarezca el atentado a Gómez Leyva, y a renglón seguido, con hilarante ligereza, demandaron que el Presidente “asuma su responsabilidad política en este intento de asesinato”.
O sea, que aun sin saber quiénes fueron los autores materiales e intelectuales ni el móvil del indignante ataque a Gómez Leyva, los firmantes –así se las gastan– ya encontraron un responsable.
Entre los suscriptores del desplegado hay respetables cultores del oficio periodístico, pero también advenedizos de toda ralea y despreciables políticos trepadores.
Por fortuna, el periodismo es una actividad pública, está a la vista de quien quiera juzgarlo.
Y las audiencias tienen talento e intuición para determinar quién es quién en estos menesteres.
Juzguen entonces los ciudadanos la consabida misiva, a la luz de algunos nombres:
Javier Lozano Alarcón, Juan Francisco Ealy Ortiz, Carlos Alazraki, Beatriz Pages, Luis Carlos Ugalde, María Amparo Casar, María Elena Morera, Sergio García Ramírez…
Además, otros muchos cuyo texto menos insultante en contra de Jefe del Ejecutivo ha sido la carta abierta publicada el martes:
Denise Dresser, Raymundo Riva Palacio, Carlos Marín, Joaquín López Dóriga, Francisco Martín Moreno, Paco Calderón…
¡Premio a quien encuentre algún escrito de estos comunicadores carente de ofensas, burlas o calumnias contra el Presidente!
Ahora tripulan sin recato el caso Gómez Leyva. Que nos digan dónde estaban cuando ocurrieron los 157 asesinatos de periodistas –la mayoría de provincia– entre 2000 y el sol de hoy.
Periodistas éstos que merecieron una solidaridad desteñida, nada que ver con la endosada a Ciro.
La verdad de las cosas es que la elite mediática está furibunda, mas no defiende ideología alguna sino líneas editoriales, que es decir negocios propios y de los patrones.
Si con discutible imparcialidad ya prestaba sus espacios convencionales y digitales a los adversarios del gobierno, ahora ha decidido, desembozadamente, ponerse al frente –cual renos de Santa– de la oposición.
Ni en sueños conseguirá su objetivo, a la luz de los altos rangos de aceptación popular de la 4T.
Pero su descrédito será descomunal y manchará al periodismo todo, cuando se escriba la historia de la actual etapa de nuestro país.
BRASAS
Desde el 26 de abril el escritor, periodista e investigador de la UNAM, Guillermo Sherindan, les adelantó a sus lectores el Día de los Inocentes.
En aquella fecha publicó en El Universal un artículo en el cual descargó sobre la población nacional más de una veintena de adjetivos, a cual más injurioso.
Escribió que “el mexicano es ignorante, violento, tonto, fanático, corrupto, ladrón, abusivo, caprichoso, cursi, temperamental, alcohólico, arbitrario, golpea a las mujeres y a los niños, idolatra el ruido, tira basura, no respeta el derecho ajeno, se pasa los altos, evade impuestos, comete todo tipo de transas, cree que la ley no es la ley y no sabe tirar penaltis”.
Al medida que uno lee, le queda claro que el académico se refiere a todos los mexicanos, pues el artículo –“El mejor pueblo mexicano del mundo”– está dedicado a rebatir las frecuentes lisonjas populistas del Presidente López Obrador.
Sólo que en este punto de su diatriba el autor dejó ver, mal disfrazado de humor, un clasismo indisimulable.
“Y conste que sólo me referí a la clase alta…”, agregó, con el desparpajo de quien el 28 de diciembre juega la broma aquella de “inocente palomita que te has dejado engañar”.
Al leer la aclaración uno se queda pensando de qué calibre han de ser los prejuicios y cuántos calificativos infamantes abarcaría la invectiva de este investigar universitario, si se hubiese referido además a las clases media y baja.
El artículo fue desempolvado por estos días, a propósito de que el escritor se prestó para publicar como propia, producto de la sagacidad reporteril, información sobre el presunto plagio de tesis de la ministra Yasmín Esquivel que manos aviesas le entregaron y que, al parecer. devela la densa corrupción reinante en la máxima casa de estudios.
Estudiosos del comportamiento social sostienen que los seres humanos estamos labrados en la misma madera y que las diferencias entre unos y otros derivan de factores culturales.
Sherindan, sin embargo, cree de veras que los franceses son cultos, los ingleses flemáticos, los argentinos arrogantes, los costeños alegres, los yucatecos torpes, y los tabasqueños tontos.
Resulta por ello bizantina la polémica entre Amlo y Sherindan, uno ensalzando con desmesura las virtudes y el otro –“autor de varios libros académicos sobre la cultura mexicana moderna”, según su perfil en El Universal—deturpando a los mexicanos.
Ambos conforman la yunta de Silao, aquella en la que era tan malo el pinto como el colorao…
Con la ventaja para Amlo de que no está reputado un intelectual de polendas.
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¿Se acuerdan los escasos lectores de la temporada de cuando el patético saltimbaqui Germán Martínez Cázares, recién matriculado en Morena, derramaba almíbar sobre el Presidente López Obrador?
Llegó a ese partido procedente del calderonismo, al que traicionó, y del panismo del que también desertó. Fue electo senador y como tal pronunciaba encendidos panegíricos al tabasqueño.
Uno. “Yo voté porque en México tuviéramos un Presidente, lamentablemente ustedes (la oposición) propusieron que México tuviera un gerente. ¡No más gerentes en la Presidencia de la República!
Yo quería un Presidente y estoy orgulloso de la Presidencia, del Presidente que está adelante, que prima lo político, que prima a los de abajo, que prima la honestidad, que prima la austeridad.
Eso es lo que está abajo del Aeropuerto que ustedes quieren defender.
Para mí. ¡es un honor estar con Obrador!”
Por aquellos días el panista-morenista quería hueso. Lo nombraron director del IMSS, pero pronto tiró el arpa, vaya uno a saber por qué. De regreso en el Senado, juró con la mano sobre la Biblia que no había rompimiento entre él y Almo.
Como integrante ahora de esa cosa denominada Grupo Plural en la cámara alta, con un retraso de años que denota discapacidad cognitiva, convocó a conferencia de prensa para habla de su percepción de la realidad y del caso Gómez Leyva.
Denunció que “hay un ambiente de mentecatez desde el Gobierno, un envilecimiento de lo público desde Palacio Nacional”.
Y, ya encarrerado, añadió:
“Pero (los plurales) no nos quedamos en la condena, no nos quedamos en la solidaridad a Ciro Gómez Leyva, sino en la acusación, clara y rotunda de que la Presidencia de la República no es un centro de concordia en México, sino de rencor, discordia y de división”.
aurelio.contrafuego@gmail.com
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