Caravana migrante descansa en Niltepec; mañana llega a Juchitán

OAXACA, Oaxaca. – Hacinados, montados en camiones de carga, tráilers o pipas de combustible, arriesgando su vida, así avanzó desde la mañana de este lunes la caravana de migrantes provenientes de Honduras, que el sábado ingresó a territorio estatal en medio de un fuerte dispositivo de la Gendarmería e Instituto Nacional de Migración (INM), que pretendía impedir siguiera su curso.

Los casi 7 mil migrantes centroamericanos permanecieron por 48 horas en Tapanatepec, Istmo de Tehuantepec, donde recibieron comida y las puertas del templo católico se abrieron a mujeres y niños para pernoctar la noche del sábado y domingo.

El resto durmió en las calles y banquetas de este municipio. Algunos otros llegaron a Juchitán de Zaragoza, donde la presidenta, Gloria Sánchez preparó un albergue.

Está mañana la caravana avanzó con rumbo a Santiago Niltepec. Algunos lo hicieron a pie para no ponerse en peligro, pero otros buscaron un espacio en los techos de automóviles, pues a más de 10 días de viaje algunos tienen los pies lastimados y con llagas.

Al llegar a esta localidad, la autoridad municipal los apoyó con bolsas de agua, donde descansarán y definirán si se conducen a Juchitán o Ciudad Ixtepec, partiendo a temprana hora del martes.

El otro punto al que probablemente se trasladarán es a la capital de Oaxaca y posteriormente a la Ciudad de México, haciendo sus respectivas paradas, aunque depende de la definición de sus asambleas.

En la travesía que emprendieron las 7 mil almas, algunos con sus hijos en brazos, les faltan por recorrer al menos 3 mil 900 kilómetros para llegar a Tijuana, la frontera de México con Estados Unidos.

Cada uno de los rostros de hombres, mujeres y niños denota cansancio, desesperación e incertidumbre al no saber que más les espera en su camino, pero están firmes en llegar a su meta.

Salieron de sus hogares huyendo de la violencia y la pobreza, y en su paso, en busca del sueño americano, se han encontrado con una serie de obstáculos, pero no desvanecen, se mantienen firmes. Las palabras de aliento se escuchan por los altavoces y en su paso por los pueblos oaxaqueños piden compresión y un poco de ayuda.

Esta nota originalmente se publicó en La Silla Rota

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