Compositora, arreglista, pianista y maestra, Marcela Bastida no ha tenido impedimentos para desarrollar una exitosa carrera en Berklee College of Music, una de las universidades más prestigiadas en la enseñanza del jazz y la música contemporánea.

Invidente, Marcela tuvo en la institución contacto con la tecnología musical asistida, herramienta que le permitió acelerar su proceso formativo, además de convertirse en especialista en este terreno.

Dice que su único reto como estudiante era la tecnología, “porque no tenía idea de que podíamos tener acceso a esos programas, pero en Berklee tuve mi primer acercamiento y me di cuenta de que se pueden escribir partituras sin necesidad de usar lenguaje braille, directamente en la computadora, lo mismo que el programa que se usa para grabar”.

En Berklee le ofrecieron llevar la tecnología para ciegos a otros países, lo que ha sido para ella una gran fortuna. “Por más que quiero desarrollar mi carrera en Estados Unidos, me encanta llevar los recursos a otros países, sobre todo a México, siento que la tecnología debe estar disponible para todos”.

Como embajadora de Berklee, hace unos años compartió sus conocimientos en la Universidad de Nuevo León, en Monterrey, con Angélica Bretón, quien fundó el Área de Investigación y Débiles Visuales. “Están desarrollando las tecnologías con un programa que ella inició para ayudar a sus estudiantes. Se parece a lo que hacemos en Berklee, aunque no está institucionalizado”.

Actualmente imparte tecnología musical asistida en línea. “Se trata de tecnología adaptada para estudiantes ciegos y débiles visuales, en las que usamos lectores de pantallas para usar los mismos programas de música que se usan usualmente”.

Marcela dice que le gusta escribir bajo el influjo de los grandes músicos de jazz. “Sin embargo, siempre debes tener tu propia voz, que la gente identifique tu estilo”.

Su gran aspiración: “Tener una big band y tocar mi música en las grandes salas y clubes de Boston, Nueva York y el mundo. Una con muy pocos cambios en los músicos, como Duke Ellington, que escribía específicamente para cada música, para que se escuchara el alma de cada uno”.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

 

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