El misterio que envuelve el fallecimiento de la historiadora del arte María Morelli, quien investigaba el origen y la autenticidad de la obra San Juan Bautista niño, guiará al espectador que se atreva a traspasar las puertas del Museo Nacional de San Carlos.

Con lo primero que se encuentra el visitante es con la recreación del estudio de Morelli: sobre su escritorio están sus lentes, su máquina de escribir y su archivo con decenas de tarjetas que dan cuenta de los hallazgos durante su investigación alrededor de la obra adjudicada a Jean-Auguste Dominique Ingres (1780-1867).

La mirada de los espectadores no puede evitar los dos recortes de periódico, cuyos encabezados dan cuenta de una noticia: “Asesinan en la Roma a historiadora María Morelli” y “Encuentran sin vida a distinguida historiadora del arte”. Una de las hipótesis que surge de inmediato entre los asistentes es que su deceso está relacionado con su investigación sobre este cuadro, que en 1857 fue adquirido para enriquecer la colección del Museo Nacional de San Carlos.

Con esta aura misteriosa, los curadores Magaly Alcántara Franco, Edlin Castro Navarrete, Aaron Cruz Aguilar, Paulina González Villaseñor, Ingrid Sosa y Alejandra Triana Cambronero, del Posgrado de Historia del Arte de la UNAM, interesan al público en el caso de este cuadro, el cual es abordado en la muestra “Archivo infinito de una pintura en duda. El caso de María Morelli”.

Con muchas interrogantes, los visitantes siguen su camino por la exhibición integrada por pinturas, esculturas, grabados y fotografías relacionadas con San Juan Bautista niño (ca. 1855-57), la obra adquirida por el Museo Nacional de San Carlos.

Llegan hasta la sala en la que se ambienta la tienda de antigüedades Michaud y Thomas, en la que se adquirió el cuadro con la intención de que esta obra enriqueciera el acervo de la Academia de San Carlos y con el sueño de parecerse “a Francia con su colección del Museo de Louvre”.

En su búsqueda, Morelli encontró que esta obra maestra sirvió de modelo para los estudiantes con la finalidad de que lograran plasmar el ideal de belleza europeo.

La muestra que juega con la autoría y la validación de una obra de arte, así como con el mercado alrededor de este tipo de producción, recurre a la ficción para atrapar al espectador que llega con un cúmulo de interrogantes frente a los estudios de laboratorio que se le hicieron al cuadro para analizar la composición y su autenticidad. Al final se les explica que los curadores recurrieron a la ficción, porque si bien la investigadora sí dedicó parte de su vida a estudiar esta pintura, no fue asesinada como aparece en los recortes de periódico ficticios.

La historia en torno a San Juan Bautista niño es sorprendente. En la exposición se relata que Ignacio Martínez, estudiante de la Academia de San Carlos, se robó esa y otras obras. Provocó un incendio en el lugar, y al no poder escapar, fue atrapado. Morelli planteaba que el incidente hizo que la pintura fuera cambiada por una copia realizada por alumnos de la Academia.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

 

Compartir