El viernes 30 de abril a las diez de la noche, el periodista Francisco Augusto Ramírez Padilla llegó a su domicilio en San Jacinto Amilpas, lo fue a dejar un amigo; media hora después salió solo a la tienda sin llevarse su teléfono celular, dicen los familiares que lo vieron traspasar la puerta: “pensamos que regresaría luego”, comentan.

Pasó un rato y las horas y no volvió. Ni ese viernes ni el sábado ni el domingo. “No se ausenta así”, aclaró su hermano Felipe. Su familia empezó a buscarlo, difundió información en redes sociales, empezó a viralizarse la desaparición extraoficial del informador.

Al periódico ‘Tiempo’ se reportó por WhatsApp a eso de las 3 y media de la tarde del viernes. Fue la última comunicación que el medio tuvo con él. El domingo al mediodía su hermano Felipe informó directamente en la Redacción que Paco estaba desaparecido. Ya no llegaron sus notas del día, tampoco el reportaje que sin falta mandaba el sábado en la noche al correo electrónico: un trabajo sobre telefonía móvil, en esta ocasión.

Nació la intranquilidad, pero todo el tiempo pensado: “por ahí anda”.

Cuando Paco estaba como editor de ‘Marcador’, la sección de deportes de Tiempo, siempre llegaba temprano, como a eso de las tres de la tarde, prendía su vieja PC Lanix, a veces ya traía en su memoria el material adelantado y se quedaba solamente un rato, otras trabajaba hasta alrededor de las siete u ocho de la noche, se apasionaba con los temas, discutía con Zamora –decano de los periodistas deportivos oaxaqueños–, se iba tranquilo, lentamente, con su playera tipo polo, su pantalón de mezclilla azul o de gabardina beige, sus botas casuales, su rodillera y su casaca de reportero, caminaba a la calzada Porfirio Díaz a esperar el ‘urbano’: su rutina diaria.

Le tocó el confinamiento por la pandemia como editor. Se fue a trabajar a distancia, desde su casa, desde un cíber. Cumplía casi religiosamente. Siempre se comunicaba. Luego se fue a reportear –por temporadas, indistintamente ejerce como editor o como reportero, periodista experimentado, todoterreno–, a cubrir el Cabildo de Oaxaca de Juárez, la ciudad capital, los municipios conurbados con notas y un reportaje a la semana: cumplía casi religiosamente. Siempre se comunicaba.

Hasta la noche del viernes 30 de abril. No se ausenta así de la casa, dice su hermano Felipe. No deja de comunicarse así en la Redacción, se comenta aquí.

Antes de informar sobre el caso, Tiempo decidió esperar a que la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas y No Localizadas (DNOL) emitiera la ficha de la desaparición oficial para no alimentar especulaciones.

Su desaparición está viralizada en redes sociales. Medios locales y nacionales ya publicaron la noticia.  Artículo 19 documenta y sigue el caso. La DNOL emitió la ficha de su desaparición incluso antes de que se cumplieran las 72 horas de rigor. La Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO) investiga ya.

La espera ha sido silenciosa en Tiempo, la intranquilidad se ha vuelto seria preocupación, un periodista de casa lleva cinco días desaparecido.

 

 



 

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