Cuando Adrián Fernández ganó en 2004 en Fontana su última carrera en IndyCar, Patricio O’Ward apenas tenía cinco años de edad y él no tenía en la mente que su destino sería convertirse en el mexicano que terminaría con la sequía del país en ocupar el círculo de la victoria de la categoría estadunidense.

El regiomontano ganó la cuarta fecha del calendario disputada en el óvalo de Texas, la cual podría considerarse su carrera de casa dado que es residente de ese estado desde hace un tiempo, y ahora ha ganado la apuesta a Zak Brown, CEO de McLaren Racing, y ahora ha asegurado que al final de la temporada probará el auto F1 de la escudería.

El triunfo no fue obra de la casualidad, y desde la competencia del sábado dio visto de que podía pelear por lo más alto al finalizar tercero en la primera competencia de la doble ronda. Su tercer lugar le ascendió al cuarto puesto del campeonato ese día y dado que la parrilla se ordenaría conforme la clasificación de pilotos arrancó este domingo desde la cuarta fila.

La tercera y última ronda de parada de pits fueron la clave de la cuarta fecha. El mexicano adelantó gracias al trabajo de sus mecánicos a Scott Dixon y Alex Palou para colocarse detrás del japonés Takuma Sato y el estadunidense Josef Newgarden. El japonés perdió ritmo y cayó permitiendo que O’Ward empezara una ofensiva contra el de Penske tomando el liderato a 24 giros del final para encaminarse a la bandera de cuadros.

Así es como lo vivió

“En las últimas 15 vueltas solo estaba disfrutando el momento”, dijo O’Ward en la conferencia de prensa en donde recordó lo que pensó al momento de cruzar la línea de meta por delante de todos: “Solamente fue ‘finalmente’”.

“Cuando lo pasé (a Newgarden) dije ‘ya, es mía’. Sabía que lo difícil era pasarlo, pero una vez que lo hiciera sabía que tenía el coche para mantenerlo detrás”.

O’Ward batalló al principio de la competencia, al colocarse en el quinto lugar durante la primera mitad ante la imposibilidad de adelantar en ese periodo al australiano Will Power, Jack Harvey o Newgarden, pero él explicó que la confianza estaba desde el momento que arrancó la carrera.

“Desde el principio de la carrera, sabía que había mucho más en este coche, pero no podía adelantar. A mediados de carrera, sabía que tenía que tirar o me quedaría estancado ahí. No muchas veces tienes un coche así de rápido y dominante en IndyCar. Es el campeonato más difícil de ganar en el mundo para un piloto, y me dije que tenía que aprovechar la oportunidad”, dijo.

El regiomontano no quita el dedo del renglón de que su máximo deseo es hacer que sus logros se conviertan en un nuevo romance entre IndyCar y México.

“Ese es el plan, que siga creciendo. Adrián es alguien que admiro mucho. Cuando el corría aquí con Michel (Jourdain) con Mario (Domínguez), era enorme la categoría y la afición en México. Yo quiero tratar de que crezca de nuevo. En mi opinión no hay mejores carreras en el mundo que IndyCar, siento que hay mucho potencial, pero hay que presentárselo a la gente”, fueron las palabras del piloto.

“Es un sueño mío correr enfrente de mi gente”, finalizó el mexicano quien ahora apunta a la joya de la corona de la serie, las 500 Millas de Indianápolis: “es importante llegar con este buen ritmo al mes de mayo, el más importante del calendario”.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

 

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