La Sociedad Internacional para Desordenes Bipolares (ISBD, por sus siglas en inglés) estima que en México 4 millones de personas sufren algún tipo de trastorno bipolar y de ellos se calcula que un promedio del 18 por ciento fallece por suicidio, por falta de seguimiento y tratamiento oportuno.

En ese sentido, Manuel Sánchez de Carmona, psiquiatra y ex presidente de la ISBD, destacó que históricamente el prejuicio social de la enfermedad ha causado dificultades de integración social y laboral de quienes la padecen.

De acuerdo con datos presentados por Sánchez Carmona, la vida saludable y esperanza de vida de una persona con esta enfermedad se reduce 12 años y nueve años respectivamente. Además, tan solo en México, el 60 por ciento de los pacientes con trastorno bipolar están desempleados y el 80 por ciento presenta incapacidad laboral parcial después del primer episodio de manía.

El especialista señaló que esta situación se agrava en el contexto de la pandemia, pues se han reportado datos alarmantes por las secuelas del SARS-CoV-2 que podrían afectar significativamente a pacientes con trastornos bipolares o desencadenar el padecimiento si existiera predisposición genética.

Las secuelas post covid-19 detectadas de manera más frecuente a nivel neurológico en estos pacientes son: pérdida de memoria (16%), ansiedad (13%), depresión (12%) y desorden de sueño (11%). Otros padecimientos físicos recurrentes son fatiga (58%), dolor de cabeza (44%) y trastorno de atención (27%).

Al respecto, Sánchez Carmona enfatizó la necesidad de una atención integral del paciente, no solo de cubrir sus necesidades de apoyo e integración, sino que a la vez debe establecer acciones para reducir o eliminar las consecuencias negativas del estigma y garantizarles un tratamiento adecuado y oportuno.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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