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“Le damos la bienvenida a los amigos que nos visitan del estado hermano de Oaxaca.
Tengan un poco de paciencia. Hay vacunas para todos”, fue el anuncio que la encargada de la brigada de vacunación dio a través del aparato de sonido colocado en el domo del deportivo de Berriozábal, una comunidad de Chiapas a la que más de 100 pobladores de Juchitán, El Espinal y La Ventosa acudieron con la esperanza de recibir la vacuna de origen chino CanSinoBio.
María del Rosario Santiago Cazorla y su hermana Briseida se sintieron tranquilas al escuchar la bienvenida y el trato no discriminatorio por parte de la brigada de vacunadores.
Estas mujeres zapotecas originarias de Juchitán llegaron hasta la comunidad chiapaneca con el temor de ser rechazadas por pertenecer a la región oaxaqueña del Istmo de Tehuantepec. Con pena, preguntaron en la entrada si podían acceder a la vacuna, pero la respuesta amable de bienvenida las sorprendió y conmovió.
“Íbamos con temor, pensamos que nos iban a regresar, pero cuál fue nuestra sorpresa, ¡nos dieron la bienvenida! Nos pusieron música chiapaneca, nos dieron una atención de primera.
“Sólo duró dos horas el proceso, todo el tiempo estuvimos sentadas en la sombra, nada de estar horas en una fila, fue impresionante la organización”, narra Briseida, de 73 años.
Sentada junto a su hermana en la sala de su casa, la mujer explica que lo único cansado fue el viaje de más de cuatro horas, “pero valió la pena el esfuerzo”, dice convencida.
El proceso de vacunación en Berriozábal duró aproximadamente dos horas, destacan beneficiadas con la vacuna anti-Covid
Desde que el país entró en emergencia sanitaria por la pandemia de Covid-19, Rosario y Briseida no salen de su casa para evitar el contagio. Ambas tienen enfermedades crónicas degenerativas; además, han perdido a familiares cercanos.
Hace más de un mes, una de sus hermanas se logró vacunar en la ciudad de Oaxaca y les propuso que fueran, pero en esa ocasión prefirieron esperar, confiaban que pronto llevarían las vacunas al Istmo, pero el tiempo pasó y la incertidumbre y la desesperación crecieron, pues las dosis no han llegado.
“Al principio obedecimos lo que decía nuestro presidente: esperar hasta que nos tocara, pero, ¿cuándo? El tiempo pasaba y todos andan en campaña. Así que decidimos movernos y buscar salvar nuestras vidas”, dice María del Rosario, maestra de 69 años jubilada de preescolar indígena.
Hace un par de días una familiar les avisó que, en Berriozábal, Chiapas, estaban vacunando con el biológico de una sola dosis a los oaxaqueños que llegaban, pues los chiapanecos decidieron no acudir.
No lo pensaron ni un minuto y emprendieron el viaje de cuatro horas desde Juchitán hasta la población. Desde que se vacunaron, ambas se sienten más seguras, aunque no saldrán de su encierro hasta que todos sus hijos logren lo mismo.
De acuerdo con medios de comunicación, como Chiapas Paralelo, fue muy poca la respuesta de los ciudadanos de esa entidad al proceso de vacunación, sobre todo en las comunidades indígenas, por la desconfianza que dejó la información de las reacciones secundarias en algunos casos.
Esa poca respuesta fue la que llevó a realizar brigadas casa por casa para vacunar, pero aun así la gente se negaba.
En el caso de Berriozábal, la campaña oficial era de tres días, pero al tener poca gente se agregaron dos días más y se pidió a las personas invitar a sus familiares, así que muchos compartieron la información con los oaxaqueños, quienes llegaron hasta en autobuses llenos.

A Chiapas llegaron camiones llenos de gente desde Oaxaca.

César Sostenes Vásquez, de 61 años; Francisco Sumano, de 60, y Gonzalo Jiménez, son tres juchitecos que, aunque no se toparon en Berriozábal coinciden en que nunca fueron rechazados por ser oaxaqueños o porque más de la mitad de los asistentes de ese día eran istmeños que llegaron de El Espinal en dos autobuses especiales.
También arribaron evangélicos de La Ventosa en otro autobús y llegaron en un cuarto transporte maestros del Instituto Tecnológico del Istmo.
Para el profesor Gonzalo Jiménez la motivación principal de los que emprendieron el éxodo a Chiapas fue la incertidumbre de no saber cuándo llegarán las vacunas a Juchitán y el miedo de que las dosis sean acaparadas por los grupos políticos que controlan la ciudad.
“Queda claro que la vacunación en Oaxaca es política y en Juchitán es peor. Aquí un día dicen que llega la vacuna tal día y luego desmienten, así estamos desde hace meses. El gobierno federal nos manda a semáforo verde con todo y campañas y sin vacunas, es irresponsable. Los que somos adultos mayores y con enfermedades nos puede costar la vida, en Juchitán muchos fallecidos eran ancianos”, comenta el también escritor Gonzalo Jiménez.
César, estilista de profesión, se limita a vislumbrar que la vacunación en Juchitán será un completo caos, donde se repetirá el desorden vivido en la ciudad de Oaxaca, con largas filas bajo el sol, agravado por la marcada división política.
“Aquí se van a pelear por las vacunas, porque el temperamento de los juchitecos es muy fuerte, más si los grupos políticos acaparan los lugares para sus seguidores. Si eso sucede, los que no pertenecen a ellos se quedarán sin vacunas y, antes de que eso me pase, decidí irme a Chiapas a vacunarme, porque aquí estará difícil”, lamenta.
Esta nota originalmente se publicó en El Universal

 

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