Aunque la caída del producto interno bruto (PIB) en 2020 fue menor a la estimada por la mayoría de los especialistas del mercado, la recuperación económica se dará a un ritmo moderado, debido a las nuevas restricciones a la movilidad y a la evolución de la pandemia del covid-19; ante este escenario, se requiere un ambiente de confianza en el país que propicie la inversión, señaló el Banco de México (Banxico).

De acuerdo con la minuta de la reunión de política monetaria del pasado 11 de febrero, uno de los integrantes de la Junta de Gobierno alertó sobre la posibilidad de registrar de nuevo tasas de crecimiento negativas en el primer trimestre del año por el retorno a semáforo rojo en muchas entidades federativas y resaltó que aún en un escenario optimista de crecimiento de 6 por ciento al cierre de 2021, el PIB se ubicaría 3 por ciento por debajo del nivel de 2019.

Así, consideró que las expectativas de crecimiento para 2021 son relativamente bajas si se toma en cuenta el efecto de base de comparación y que sugieren debilidad de la recuperación de la demanda interna dada, la expectativa de que la demanda externa continúe dinámica.

En este sentido, otro de los miembros de la junta refirió que la recuperación será heterogénea con un sector externo fuerte, pero con el consumo y la inversión por debajo de los niveles previos a la pandemia, y destacó que el consumo e inversión públicos serán los componentes menos capaces para apoyar dicha recuperación en función de las restricciones fiscales que enfrentan.

Riesgos

La mayoría de los miembros de la Junta de Gobierno coincidió en que persiste un entorno incierto con riesgos para la actividad económica, debido principalmente a la evolución de la pandemia. Uno señaló que el número de contagios y decesos mensuales por la pandemia alcanzó un máximo en enero y que no hay indicios de que esta trayectoria vaya a ceder pronto.

Destacó que tomará tiempo alcanzar el porcentaje de cobertura de vacunación necesario para regresar a la normalidad y añadió que ante la escasez de vacunas y problemas logísticos en su distribución, en el mejor de los casos, se notaría su impacto hacia finales de año, lo que podría ocasionar un daño irreversible a muchas empresas.

Otro enfatizó la importancia de considerar los posibles impactos derivados de la pandemia sobre la planta productiva para estimar los efectos en el crecimiento potencial. Uno destacó como riesgos al crecimiento: las afectaciones en el suministro de insumos para la producción; la volatilidad en los mercados financieros; el deterioro en la calidad de la cartera crediticia; menores ingresos públicos que afecten las perspectivas de riesgo soberano y las condiciones de acceso a los mercados financieros; y mayores elementos de incertidumbre que afecten a la inversión.

Necesario generar entorno de confianza

En este contexto, un miembro de la junta consideró que es necesaria una estrategia macroeconómica firme que genere confianza, que promueva un ajuste ordenado de la economía nacional ante los choques que la han afectado y que propicie el buen funcionamiento de los mercados financieros nacionales y del sistema financiero.

Otro señaló que la atonía de la inversión privada observada desde 2018 responde principalmente a factores institucionales y estructurales y consideró que la reactivación económica requiere necesariamente de acciones en el ámbito del Estado de derecho, certeza jurídica, seguridad y combate a la corrupción e impunidad.

Este integrante destacó tres eventos que han afectado la confianza de los inversionistas: la iniciativa para modificar la Ley del Banco de México; la iniciativa preferente sobre la Ley del Sector Eléctrico, que modifica las reglas vigentes en contratos y cancela la transición hacia energías limpias; y la suspensión de las licitaciones carreteras en curso.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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