En foros por separado para analizar temas relacionados con la violencia contra las mujeres desde distintos enfoques, activistas y académicas cuestionaron la “falta de voluntad política, de presupuesto y de sensibilidad por parte de los operadores de justicia”. Al abordar los casos de odio hacia las trabajadoras sexuales, plantearon que ello no sólo provoca abusos explícitos hacia ellas, sino también son “una forma de violencia de género que afecta mediante el estigma y la presión social”.

Durante el conversatorio “Hallazgos de la sociedad civil”, en el contexto de la evaluación del Estado mexicano en materia de violencia de género, Yesica Sánchez, de Consorcio Oaxaca, advirtió que la poca voluntad política abona a la “impunidad” en materia de feminicidio, desaparición de mujeres y aplicación de las alertas de género.

Yndira Sandoval, de la red Nosotras Tenemos otros Datos, dijo que prevalece una “alarmante situación, porque no se ha reconocido en México, que la violencia en contra las mujeres es un asunto de emergencia nacional”.

Aunado a ello “nos estamos enfrentando a un recorte presupuestal muy pronunciado que obstaculiza generar acciones sustantivas en materia de prevención y adecuada atención que apunten hacia la erradicación de la violencia hacia las mujeres”.

En tanto que, al participar en el conversatorio Trabajo sexual, deseo y activismo, Livia Motterle, investigadora posdoctoral del Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México, llamó a reconocer este oficio y lamentó que todavía sigan vigentes falsas creencias como que es sinónimo de trata de personas y que están manipuladas.

“Hablar de trabajo sexual significa reconocer que es un intercambio voluntario de servicios sexuales por dinero”, un acuerdo contractual entre personas mayores de edad que involucra tanto la transacción como el precio, mencionó.

Magda Rebeldía, trabajadora sexual y activista, expuso que aún en el imaginario colectivo se visualiza a las mujeres que se dedican a este oficio como personas tristes, avergonzadas, que se relacionan con hombres sucios, pero no es así.

 

Esta nota originalmente se publicó en La Jornada

 

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