René Rueda Ruiz, cronista municipal.

Reconocido como uno de los centros religiosos más importantes del Istmo de Tehuantepec por su celebración del cuarto viernes de cuaresma es Chihuitán en Oaxaca, una localidad zapoteca donde su lengua madre dejó de hablarse y se volvió monolingüe al español desde finales del siglo XVI.

Ningún nativo de Chihuitán habla el zapoteco, ni siquiera los adultos mayores tienen un recuerdo vago de su pronunciación que quedó en el olvido con la llegada de las cofradías religiosas en la época de la colonia, quienes cortaron de tajo esta lengua que, a René Rueda Ruiz, cronista municipal le hubiera gustado hablar y escribir.

Rueda Ruiz ahora tiene 68 años de edad y añora haber conocido algunos de los vestigios de la lengua de sus ancestros, pero nada quedó, se reconforta en conocer las memorias históricas y vivir algunas tradiciones como los bailes típicos donde se usa la vestimenta y se escucha la música de los zapotecos.

“Me hubiera gustado que mis textos fueran bilingües, en zapoteco y castellano, pero se perdió mucho antes, ni uno de mis antecesores habló este idioma, ahora solo nos quedan recuerdos y añoranzas”.

Explica que por ser un centro religioso importante y tener condiciones óptimas para las actividades agropecuarias atrajo el interés de pobladores de localidades vecinas, quienes optaron por vivir definitivamente en Chihuitán y fueron ellos los que trajeron también su lengua materna.

En esta localidad viven mil 486 personas de las cuales el 95 por ciento son nativos y un 5 por ciento radicados (avecindados), y son ellos quienes también trajeron su lengua como el zapoteco, mixe y ombeayiüts.

Los foráneos, que son unas 70 familias de origen zapoteca, mixe e ikoots además de compartir con los lugareños costumbres y tradiciones desde hace más de 40 años, también trajeron su lengua como identidad y proponen revalorizarlas al ver que no hay nativos que lo hablen.

Eresma Martínez Ruiz habla zapoteco y es originaria de Unión Hidalgo, llegó a Chihuitán hace 40 años y ahora sus hijas y nietas también lo hablan, ella es una de las 40 personas que conservan este idioma.

Ernestina Pacheco Silverio de 85 años de edad habla mixe y llegó a Chihuitán hace 43 años, ella también heredó su idioma a sus hijos y nietos, ellos solo se comunican entre sí para que no pierdan su identidad.

La propuesta de Margarito Vicente Santiago, radicado hace dos años en Chihuitán y originario de Juchitán, es realizar talleres para que los niños hablen zapoteco y así recuperarlo, porque solo así se podrá nuevamente introducir entre los lugareños.

“Me gustaría recuperar el zapoteco, al menos el que aprendí desde mi hogar con mis padres en Juchitán, de donde soy originario, porque aquí en Chihuitán tiene una variante, pero no la conozco, quiero hacer talleres gratuitos para niños, es urgente revalorizar, conservar y cuidar nuestro legado cultural”.

Víctor Cata, historiador y lingüista de origen zapoteco, explica que “cuando una lengua se muere, se pierde el alma de los pueblos”, por lo que precisó que es importante y urgente “resucitar” el zapoteco en comunidades como Chuihuitán, Laollaga y Jalapa del Marqués, que son las localidades donde este idioma murió hace mucho tiempo.

“Chihuitán sigue siendo un centro religioso importante, pero ahora católico, ya no hay un recuerdo cariñoso del zapoteco, antes se veneraba a Tezcatlipoca, el sol del poniente, y con la llegada de los españoles se cambió al Cristo negro, pero sigue concentrando a las culturas, a su gente, sin embargo, su lengua, su zapoteco, murió”.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) de 2020, refieren que, así como el zapoteco en Chihuitán ya no se habla, en Juchitán, Xadani y San Blas Atempa creció el número de hablantes, pero eso no convence al escritor Cata, quien refiere que urgen políticas públicas que privilegien el lenguaje desde las escuelas y a los menores de edad.

 

Esta nota originalmente se publicó en Aristegui Noticias

 

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