La influencia de Michael Jordan es, sin duda alguna, innegable. De hecho, hace unos días se cumplieron 33 años de la clavada más recordada de su carrera, aquel mate que los convirtió en historia pura de la NBA y que incluso se ha convertido en un símbolo propio de su marca.

Fue el 6 de febrero de 1988 cuando Michael Jordan se midió ante Dominique Wilkins en el concurso de mates del Fin de Semana de las Estrellas de dicho año, en el que el mundo no estaba preparado para lo que vería dicho día en el Chicago Stadium.

Se trataba del tercer enfrentamiento de ambos en el concurso de clavadas, luego de que Wilkins ganara el primero en 1985 y Jordan tuviera su revancha en 1987, por lo que esta final tenía un sabor muy especial.

Wilkins y Jordan consiguieron calificaciones perfectas con su primer mate(50); Dominique repitió el 50 en su segundo mate, pero MJ consiguió 47 con el segundo, por lo que los abucheos de los aficionados locales contra los jueces no se hicieron esperar, debido a que la segunda clavada parecía perfecta, al hacer un mate a dos manos y con el cuerpo en lateral.

Para el último round, Wilkins, de los Hawks de Atlanta, clavó el balón a dos manos y obtuvo 45 puntos, al no tratarse de un mate de mucha dificultad. Esto abrió la puerta a que el joven escolta de los Bulls lograra la victoria, pues una calificación de 48 puntos o más lo condenaba.

Michael Jordan contó con la última clavada del concurso, la que se convirtió en una de sus jugadas más importantes. Desde media duela, MJ corrió hasta la línea de triples, dio algunos pasos más hasta cerca de la de tiros libres y dio un gran salto pisando dicha línea para elevarse directo al aro.

Jordan logró la calificación perfecta y ganó el concurso de mates. Pero no solo eso, también fue inmortalizado con la foto, consolidándose como un ícono del basquetbol y del deporte mundial.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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