El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) reconfiguró el panorama de competidores en telecomunicaciones, pero esto podría cambiar con su desaparición. Ernesto Piedras, director general de The Competitive Intelligence Unit (CIU), considera que de no existir el IFT dejarán de bajar los precios en los servicios, incluso pueden subir ante una menor oferta. Entonces, “los consumidores perderán capacidad de elección, cobertura y calidad”.

Según datos de la consultora que dirige Piedras, a 7 años de la creación del IFT, la contabilidad de acceso a servicios de telefonía fija aumentó 13.6 por ciento; banda ancha fija 57.6 por ciento; telefonía móvil 16.0 por ciento; banda ancha móvil 198.8 por ciento; y televisión restringida 49.2 por ciento. Asimismo, los precios de las telecomunicaciones se redujeron en conjunto 42.9 por ciento, entre 2013 y 2020.

Antes de la creación del IFT, la falta de competencia en el sector de telecomunicaciones en México generaba una pérdida de bienestar social equivalente a 1.8 por ciento del PIB por año, según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), publicado en 2012.

México era el país con las tarifas más altas de la OCDE previo al IFT, y ahora es de los que tienen las tarifas más bajas, señala María Elena Estavillo, ex comisionada del IFT, en entrevista con MILENIO.

El regulador busca proteger el interés de los usuarios y que haya un terreno parejo de juego entre las empresas que prestan servicios. Y, al no existir, las empresas se verán afectadas sin una autoridad reguladora imparcial que muestre solidez en temas del espectro radioeléctrico y competencia económica, opina Clara Luz Álvarez, académica de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana y autora de un libro sobre el papel regulador del IFT.

Consecuencias para los usuarios

Para Jorge Bravo, presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi), los usuarios pueden perder si se derogan algunas de las disposiciones del IFT, porque desaparecerlo también ocurrirá con todos sus actos jurídicos. “Los usuarios también perderían porque menos dinero y presupuesto para la conectividad significa que la brecha digital va a tardar más tiempo en cerrarse”.

Estavillo, coincide y añade que no sólo se trata de la brecha digital, sino del aumento de la brecha educativa de quienes no cuentan con internet en medio de la pandemia.

“Sin el IFT se perdería un organismo que impulsa la competencia con inclusión, con todo el componente de derechos humanos. En un país donde hay gran disparidad de ingresos, debemos tener tarifas accesibles para que la mayoría de la población tenga acceso”, opina Estavillo, quien actualmente preside Conectadas Mx, una red de mujeres que promueve la igualdad en los sectores de telecomunicaciones, radiodifusión y tecnologías de la información.

Otro de los efectos de la desaparición del IFT sería la incertidumbre jurídica. “Los operadores requieren certeza para invertir, y estos cambios van en el sentido contrario de la certidumbre”, añade Bravo.

“Las telecomunicaciones son fundamentales para la inversión, y no sólo del sector, porque tienen un factor multiplicador en la economía porque genera actividad económica en otros sectores productivos. Eso le resta competitividad al país para reactivar la economía”, dice la ex comisionada del IFT.

Estavillo vislumbra otro posible efecto. “No debemos olvidar que el IFT es el regulador de todos los medios de comunicación electrónicos, así que la sociedad también podría perder libertad de expresión”.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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