Los últimos pasos dados por Irán para impulsar su programa atómico han debilitado aún más el acuerdo nuclear cuando se cumple un lustro de su implementación, pero el posible retorno al pacto de la nueva administración estadounidense abre una ventana de esperanza.

El acuerdo, conocido como JCPOA en sus siglas en inglés, entró en vigor el 16 de enero de 2016, seis meses después de su firma en Viena entre Irán y seis grandes potencias (Estados Unidos, Rusia, China, Francia, el Reino Unido y Alemania).

Con el objetivo de impedir que Teherán desarrollase la bomba nuclear, el JCPOA limitó el programa atómico iraní a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales, pero la retirada unilateral de Washington en 2018 lo dejó en la cuerda floja.

«No tenemos ninguna prisa para que EEUU regrese al JCPOA. Lo que queremos, nuestra lógica demanda, es el levantamiento de las sanciones”, subrayó en su último discurso el líder supremo iraní, Alí Jameneí, dirigiéndose al presidente estadounidense electo, Joe Biden.

La estrategia de Irán

Al no lograr el resto de firmantes contrarrestar las sanciones estadounidenses, Teherán comenzó a reducir de forma gradual sus compromisos nucleares en 2019. Algunas de las medidas adoptadas fueron el enriquecimiento de uranio a una pureza mayor de lo permitido y el uso de centrifugadoras avanzadas.

La falta de resultados y el asesinato en noviembre pasado del destacado científico iraní Mohsen Fajrizadeh, considerado por Occidente e Israel el responsable del supuesto antiguo programa secreto persa para desarrollar armas nucleares, llevaron a Teherán a implementar acciones más drásticas.

Este mes, empezó a producir uranio enriquecido al 20 por ciento en la planta de Fordo, una pureza que había alcanzado antes de la firma del JCPOA. Se trata de la mayor violación del pacto llevada a cabo por Irán, que desde 2019 ya superaba el límite del 3,67 por ciento , pero solo al 4.5 por ciento .

El 20 por ciento de pureza sigue siendo inferior al 90 por ciento necesario para fabricar una bomba nuclear, pero el portavoz del Organismo de Energía Atómica de Irán (OEAI), Behruz Kamalvandí, afirmó que su país puede enriquecer “fácilmente a incluso más del 60 por ciento “.

Esta decisión vino en cumplimiento de una ley aprobada recientemente por el Parlamento, a la que se opuso el gobierno por considerarla dañina para la diplomacia con la futura administración de Joe Biden.

El Parlamento iraní, dominado por los conservadores, ordenó asimismo emplear al menos a mil centrifugadoras avanzadas en la instalación de Natanz, en otra vulneración del JCPOA, que solo permite a Irán usar las de primera generación, y limitar las inspecciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

Presión para las inspecciones

En el Parlamento, un miembro de la junta directiva aseguró que los inspectores internacionales serían expulsados el 21 de febrero si las sanciones no eran eliminadas antes, aunque el portavoz del OEAI matizó que en esa fecha se suspendería la implementación voluntaria del Protocolo Adicional.

«Esto no significa la expulsión de los inspectores del OIEA. Tenemos inspecciones en varios niveles y solo se detendrán las relacionadas con el protocolo” y no las de salvaguardas, explicó Kamalvandí, quien también adelantó que ya se están instalando las centrifugadoras IR-2M.

Según fuentes diplomáticas consultadas por Efe, las inspecciones son “básicas para mantener la confianza” y su limitación sería el tiro de gracia para el JCPOA.

Respecto al enriquecimiento de uranio al 20 por ciento, las fuentes indicaron que las autoridades persas quieren mostrar que “son capaces de reactivar con rapidez su programa atómico” y, al mismo tiempo, “forzar a Biden a solo centrarse en el contencioso nuclear”.

Biden aseguró que EE.UU. regresará al JCPOA si Irán cumple totalmente con sus compromisos, pero también ha abogado por renegociar algunos puntos del mismo e incluir otros asuntos, como el programa de misiles balísticos iraní.

Teherán se niega a abordar estos puntos y, de hecho, probó desafiante en esta jornada durante unas amplias maniobras militares varios de sus misiles balísticos de nueva generación.

Los europeos y los estadounidenses deben saber que no renegociaremos lo que acordamos una vez”, advirtió hace unos días el jefe de la diplomacia iraní, Mohamad Yavad Zarif, quien rechazó “agregar nuevas condiciones para el levantamiento de las sanciones”.

Esperanza en Biden

Ante esta tensión, el resto de firmantes del pacto nuclear, en especial los tres países europeos, ven en la Administración de Biden una chispa de esperanza para salvar el histórico acuerdo.

Francia, Alemania y el Reino Unido denunciaron este mes que un nivel de enriquecimiento del 20 por ciento entraña “riesgos significativos de proliferación” y puede hacer peligrar la “importante oportunidad” de reconducir el JCPOA por la vía diplomática con Biden.

Una oportunidad que comparte el analista del Centro de Estudios Estratégicos de Oriente Medio de Teherán, Ardeshir Pashang, quien destacó que Biden, como vicepresidente de Barack Obama, fue “miembro del equipo que creía en eliminar las tensiones con Irán y llegar a un acuerdo”.

Pashang dijo a Efe que “en el corto plazo se reducirán las presiones existentes sobre Irán”, pero que, sin embargo, el eventual regreso de EEUU al pacto y el levantamiento de las sanciones “llevará su tiempo y estará marcado por la imposición de algunas condiciones”.

Pese a los obstáculos, Irán ha insistido en que todas sus violaciones del JCPOA son reversibles, aunque deja la responsabilidad de esa marcha atrás en EE.UU.

«Nuestra respuesta es clara y sencilla. Si ustedes cumplen con todas sus obligaciones (eliminar las sanciones), nosotros también cumpliremos con todos nuestros compromisos”, aseveró la semana pasada el presidente iraní, Hasan Rohaní.

 

Esta nota originalmente se publicó en López-Dóriga Digital

 

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