CIUDAD DE MÉXICO.

Con 100 mil 104 muertes, el covid-19 es la enfermedad transmisible más letal, en al menos medio siglo, en el país.

La influenza y neumonía es la única causa de muerte infecciosa que se ha mantenido entre los diez principales motivos de defunción entre los mexicanos y que desde el año 2000 alterna entre el lugar número 8, 9 y 10 de la lista.

Entre 2016 y 2019, según datos del Inegi, por influenza y neumonía murieron 102 mil  887 personas,  apenas dos mil 783 mexicanos más de los que el SARS-CoV-2 mató en sólo 246 días.

En 1970 fue cuando se dio el último mayor registro de muertes por enfermedades infecciosas y parasitarias en México.

Ese año hubo un total de 485 mil 656 muertes, de las cuales, 112 mil 222 tuvieron que ver con alguna enfermedad infecciosa o parasitaria, es decir, el 23.1 por ciento.

“Tiene muchos años que las enfermedades infecciosas habían quedado rezagadas en la tabla de mortalidad,  desde hace ya una gran cantidad de años son las enfermedades crónico-degenerativas las que han estado hasta arriba en la tabla  y este año de nueva cuenta vamos a tener una enfermedad infecciosa como una de las principales causas de muerte en México, como si nos faltara un retroceso”, dijo  Malaquías López Cervantes, integrante de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia por Coronavirus de la UNAM.

Pero es justamente el descontrol de las enfermedades crónico-degenerativas lo que propició que el nuevo coronavirus se haya colado al top ten de causas de muerte entre los mexicanos, planteó el epidemiólogo

“Nunca hubiéramos imaginado que una enfermedad transmisible iba a generar lo que generó, pero lo está generado precisamente en el marco de una carga de las enfermedades crónico-degenerativas, que al combinarse con un padecimiento transmisible, muestra una letalidad brutal”, agregó Gustavo Leal, especialista en salud pública y profesor investigador de la UAM Xochimilco.

Daniel Pahua Díaz, académico del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM, expuso que de tener un control sobre las enfermedades crónicas en el país, no se habría registrado tal magnitud de muertes a causa del nuevo coronavirus, ya que la mayoría de los fallecidos registraba alguna comorbilidad y afectó a la población vulnerable.

“Si nosotros, de mucho tiempo antes, estuviéramos tomando acciones para la prevención y el buen  manejo de las enfermedades crónicas no transmisibles podríamos esperar que eso repercutiera en menor incidencia de las formas graves de covid-19 y, por ende, de la muerte. No es que la gente no  enfermaría, sino que tendría menos formas graves y no moriría”, indicó.

Alejandra Contreras, investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública, dijo que si bien es alarmante que México haya llegado a las 100 mil muertes por covid-19, se debe dimensionar el hecho de que 200 mil muertes al año se relacionan con sobrepeso y  obesidad.

“Y de las 200 mil muertes relacionadas a la obesidad, al menos la mitad están vinculadas al consumo habitual de productos ultraprocesados y los  mexicanos estamos consumiendo cerca del 30% de nuestras calorías a partir de dichos alimentos.  Por ejemplo, en México tan sólo el consumo de bebidas azucaradas provoca la muerte de alrededor de 40 mil personas al año, de las cuales 23 mil 433 son a causa de la diabetes, enfermedad que aumenta 87 por ciento más el riesgo de severidad por covid-19 en comparación con los adultos sin diabetes”, ejemplificó.

El subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, reportó que la pandemia cobró la vida de 100 mil 104 mexicanos y calificó este hecho de “inusual y sin antecedente”, lo que ubica al covid-19 entre las principales causas de muerte.

“Hoy, en México tenemos cien mil personas que han perdido la vida por el covid-19. Esto es una cantidad inusual, no tenía ningún antecedente previo en la sociedad mexichttps://www.excelsior.com.mx/nacional/covid-19-la-enfermedad-transmisible-mas-letal/1417844ana de una enfermedad infecciosa aguda que pudiera causar una progresión tan rápida y afectar la vida de tantas personas.

 

Esta nota originalmente se publicó en Excelsior 

 

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