Los muros de cimentación de 60 y 70 centímetros de grosor se descubrieron durante las obras de remodelación de las avenidas Chapultepec y Doctor Río de la Loza. En las excavaciones se detectaron restos de piedra con una colocación especial que daba indicios de ser más que acumulación de rocas. Fue cuando investigadores del Instituto Nacional de Historia y Antropología (INAH) comenzaron exploraciones en la zona.

Además de los muros se detectaron vestigios de habitaciones de las antiguas casonas de tiempos del Porfiriato que formaban la colonia Hidalgo, ahora nombrada Doctores, y que quedaron sepultadas con la expansión de la avenida Río de la Loza y la construcción de nuevos edificios y trazos urbanos.

“Haciendo un análisis de cartografía histórica de 1920 a 1930, nos estamos percatando que la avenida Río de la Loza iniciaba en lo que hoy es avenida Cuauhtémoc y llegaba sólo a Niños Héroes y era un callejón pequeño y posteriormente la avenida se amplía a la parte sur quedando actualmente como está con seis carriles y conectándose a la avenida Fray Servando, entonces las casas estaban de lado sur, quizá ya estaban deshabitadas y lógicamente se demolieron y lo que estamos rescatando son restos de esos cimientos, los muros arquitectónicos de esas casas”, describió en entrevista.

La zona, refirió el arqueólogo, es una de las más ricas en vestigios por ser de las más cercana al centro. Por ejemplo, la composición de la tierra tiene calcio por ser una zona lacustre: “Cuando el agua del lago se evaporó, las sales se fueron cimentando hasta tener una consistencia compacta y con la conquista española y el proceso de urbanización esta zona se encuentra despoblada, ahora vemos ese calcio y nos habla de todas los minerales que había por el agua”.

La exploración en la zona continuará hasta enero de 2021 en un área de más de cuatro kilómetros, entre la Glorieta de los Insurgentes y la avenida Balderas, con la intención de hallar más vestigios arquitectónicos que ayuden a establecer con precisión el tipo de construcción de la zona.

El protocolo de exploración señala que una vez que los restos son identificados geográficamente, sometidos a una limpieza y estabilización deben cubrirse de nuevo para protegerlos y continuar con las obras urbanas en las avenidas; entonces inicia la investigación en el laboratorio y archivos documentales.

“En el laboratorio sigue hacer el análisis de la cerámica, un informe detallado de los hallazgos, realizar el trabajo en los archivos históricos de la Ciudad de México y el Archivo General de la Nación, acudir a las fototecas para tener un panorama más amplio de qué fue lo que sucedió ahí y complementar el dato arqueológico”, precisó.

 

Esta nota originalmente se publicó en El Sol de México

 

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