A un día de que se conmemore el Día Nacional del Libro en México, la pandemia por covid-19 ha dejado un panorama bastante sombrío en la industria editorial, con una caída de, cuando menos, 25 por ciento en 2020 —en la perspectiva más positiva—, aun cuando se piensa que podría sufrir un decremento superior a 30 por ciento.

“Previo a la situación de la cuarentena, de enero a marzo, los ingresos mensuales presentaban una variación positiva de 9 por ciento; sin embargo, a partir de abril, los ingresos caen 41 por ciento en promedio cada mes, siendo mayo el peor, con un decremento en los ingresos de 62 por ciento comparado con 2019”, en palabras de Ignacio Uribe, coordinador de la Comisión de Estadística de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem).

Al presentar un informe del sector editorial mexicano y, en especial, de la manera en que se ha visto afectado por la contingencia sanitaria, se estima que, hasta agosto de 2020, los ingresos mensuales de las editoriales se han reducido un 22 por ciento, siendo un mayor problema para las editoriales que también realizan actividades de impresión, que han sufrido un decremento de 35.8 por ciento hasta agosto de 2020.

De acuerdo con Alejandro Ramírez, director de la Caniem, con la disminución que ha sufrido el sector en el primero y el segundo trimestre, aun cuando se mantuvieran las expectativas para el tercero y el cuarto, pronosticado a partir de tendencias históricas, “la caída sería del 11 por ciento neto: la industria editorial para el próximo año tendría que trabajar para llegar a lo pronosticado y todavía mejorar un 11 por ciento tan sólo para alcanzar el nivel previsto para 2020”.

“Como sabemos que esto no ocurrirá, porque estamos a punto de cerrar con información el tercer trimestre y la facturación anda alrededor de un 28 por ciento menos, esto nos muestra que la industria editorial puede enfrentar una caída acumulada de entre 30 y 32 por ciento. Este es el horizonte dramático para la industria editorial”.

Llamado por la Ley del Libro

El mayor golpe lo recibieron las empresas medianas y pequeñas, las no grupales y no corporativas, pero toda la cadena ha sufrido un estrepitoso desplome todavía difícil de evaluar, sobre todo en el caso de las librerías, que llevan décadas en contracción: “La red de distribución del libro está ante el peligro inminente de reducirse aún más”.

“Ante las amenazas que se ciernen sobre el libro en nuestro país acarreadas por la profunda crisis económica, que se acentuará a lo largo del año próximo, las librerías y editoriales agrupadas en las siguientes organizaciones, Almac, Reli, AEMI, Caniem, que en conjunto representamos encima del noventa por ciento del mercado, consideramos que para la reconstrucción y defensa de la cadena del libro es indispensable avanzar las modificaciones a la ley de libro que han recorrido ya parte del camino en el Congreso”.

En un llamado desde la Caniem, se enfatizó que las modificaciones a la legislación podrían permitir a las librerías independientes una mayor competencia en el mercado, al tiempo de democratizar y descentralizar el acceso al libro, donde el régimen de tasa cero para las librerías, “repararía la enorme injusticia en que han vivido los vendedores de libros de nuestro país hasta ahora”.

“Estas medidas pueden contribuir a detener el cierre de librerías, pueden generar un aumento en el comercio del libro y sentar las bases para ir ampliando la red de distribución. Lo cual redundará en una mayor recaudación en el sector y, sobre todo, en un acceso creciente al libro”.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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