Aunque en ocasiones el cine nacional contemporáneo es desdeñado cuando se compara con la Época de Oro, hay producciones que se han hecho en las últimas décadas – tanto largometrajes como cortometrajes – que han logrado el estatus de clásicos y nada les piden a esos trabajos realizados desde finales de los años 30 hasta finales de los años 50.

Películas como El callejón de los milagros (1995), La ley de Herodes (1999), Amores perros (2000), Y tu mamá también (2001), Temporada de patos (2004), Presunto culpable (2008) y La libertad del diablo (2017) son cintas documentales y de ficción que, a pesar del paso de los años, no pierden vigencia y siguen siendo admiradas por los cinéfilos. Otra de las joyas nacionales, distinta a las antes mencionadas, es El héroe, el único cortometraje de animación mexicano que se ha alzado con la Palma de Oro en Cannes.

Este trabajo se lanzó en 1994 gracias al ingenio del cineasta Carlos Carrera, un egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) que para ese año ya tenía en su trayectoria la dirección de cortos como El hijo pródigo (1984), Amada (1988) y Música para dos (1990), además de los largometrajes La mujer de Benjamín (1991) y La vida conyugal (1992).

El héroe requirió 2 mil 800 dibujos en tonos ocres y ambientes deprimentes y oscuros. Además, Carrera se apoyó de un gran equipo de animadores: Francisco Licea, Enrique Martínez, Felipe Morales, Julio Guerrero y Héctor Arellano.

Pero más allá de la gran calidad de hechura, el argumento fue el punto más destacado de la cinta: un hombre visiblemente desolado entra al metro de la ciudad y a su paso nota aspectos entre la gente poco motivantes. Entonces, al llegar al andén, se percata que una jovencita se acerca peligrosamente a la orilla de las vías con el objetivo de suicidarse. Él de inmediato interviene y la salva, pero ella comienza a gritar para atraer la atención de un vigilante, que saca al hombre a palos. Entonces, mientras otro convoy naranja se acerca a la estación, la chica comienza a balancearse para por fin cumplir su meta.

Tras su exhibición a nivel mundial, el corto recibió numerosos premios, por ejemplo: el Ariel a Mejor Cortometraje de Ficción, el Coral de Oro en el Festival Internacional del Nuevo Cine de La Habana, Mejor animación del Cinemafest en Puerto Rico y el Premio Especial del Jurado del Festival de Cine de Sundance, pero el galardón más destacado al que se hizo acreedor fue la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cine de Cannes de 1994.

“Me gustan las películas de animación de los cincuenta, donde el humor y la forma de expresión de los personajes, a la hora de hacer locuras, se despegó del cine de ficción. En esa época se le dio rienda suelta a la animación y a la anarquía y por eso me gustan mucho esas películas. También creo que tengo influencias de la pintura expresionista”, reveló en una ocasión Carrera sobre sus influencias cinematográficas, notables en El héroe.

Luego de su galardonado corto, el cineasta mexicano trabajó en otros proyectos que también resultaron destacados, sobre todo la cinta El crimen del padre Amaro, que dirigió en el año 2002 y logró ser seleccionada en la terna de Mejor película extranjera del Premio Oscar de ese año, aunque no ganó.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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