En lo que va de 2020 se han documentado 89 casos de lepra en México, de los cuales dos se presentaron entre el 27 y el 3 de octubre, última semana incluida en el Boletín Epidemiológico semanal de la Secretaría de Salud.

De acuerdo con el documento, se han reportado 50 casos de lepra en hombres y 39 en mujeres, sin embargo, la cifra aún está alejada de los 127 casos que se reportaron en todo 2019.

Respecto a los casos por estados, 17 entidades han reportado al menos un contagio de lepra, encabezados por Sinaloa, que ha acumulado el mayor número de personas con la enfermedad, con 15 hombres y 17 mujeres.

Aunque se siguen reportando casos, la lepra dejó de ser una enfermedad que genere un problema para la salud pública del país, pues desde 1994 se tiene un caso por cada 100 mil habitantes, que es el panorama propuesto por la Organización Mundial de la Salud para desestimar la enfermedad, de acuerdo con datos del gobierno federal.

«En México, entre 1989 y 2017, la lepra disminuyó 97%, al pasar de 16 mil 694 a 412 casos; concentrándose el mayor número en Guerrero, Jalisco, Oaxaca, Sinaloa y Michoacán», indica la dependencia.

¿Qué es la lepra y cómo se transmite?

Es una enfermedad infecciosa crónica causada por una bacteria llamada Mycobacterium leprae, afecta principalmente la piel y los nervios periféricos, pero puede afectar otros tejidos.

Para adquirir la infección se requiere que una persona sana sea susceptible de adquirir y desarrollar la enfermedad, además de una estrecha y prolongada convivencia con una persona enferma de lepra y sin tratamiento, que saque o expulse bacterias al hablar, toser o respirar y que la persona sana esté cercana a esta.

¿Cuáles son los síntomas de la Lepra?

Se manifiesta como manchas o placas claras, rojizas, cobrizas o quistes (bolitas) principalmente; las lesiones se presentan en número y formas variadas, están asociadas a adormecimiento (anestesia), falta de vello (alopecia) y falta de sudoración (anhidrosis). La localización más frecuente es en cara, tronco y extremidades.

  • Lesiones en la piel que son más claras o rojizas que el color normal de la piel
  • Lesiones que presentan disminución de la sensibilidad al tacto, al calor o al dolor
  • Lesiones que no sanan después de algunas semanas o meses
  • Debilidad muscular
  • Adormecimiento o ausencia de sensibilidad en manos, brazos, pies y piernas

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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