Después de la crisis del covid-19, una crisis sanitaria que sucede cada 100 años, el Banco Mundial trabaja para disminuir las secuelas que está dejando, tales como pobreza, desigualdad, disminución del capital humano, aumento de la deuda y en conseguir una recuperación inclusiva y resiliente.

El presidente del Banco Mundial, David Malpass, señaló que el número de víctimas de la pandemia del covid-19 ha sido enorme y es probable que las personas de los países más pobres sean las que sufran más y más duro, pues la crisis ha llevado a más economías a una recesión simultánea que podría conducir a una década perdida, caracterizada por un crecimiento débil, un colapso en muchos sistemas de salud y educación y una nueva ronda de crisis de deuda soberana.

Ante esta situación, en la Plenaria de las Reuniones Anuales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instó a redoblar esfuerzos para combatir la pobreza y la desigualdad, ya que el coronavirus ha supuesto un revés sin precedentes en el esfuerzo global para acabar con la pobreza extrema, aumentar los ingresos medios y crear prosperidad compartida.

Malpass dijo que las nuevas proyecciones de pobreza del Banco Mundial sugieren que para el 2021 entre 110 y 150 millones de personas más habrán caído en la pobreza extrema, viviendo con menos de 1.90 dólares al día, poniendo fin a más de dos décadas de progreso continuo y se espera que la pobreza aumente en 2020 por primera vez desde 1998.

Destacó que nos enfrentamos a una pandemia de desigualdad única, pues la recesión es más amplia y profunda, y ha afectado más a los trabajadores del sector informal y a los pobres, especialmente a las mujeres y los niños.

Además, el presidente del Banco Mundial resaltó que la crisis está dejando una pérdida de capital humano, donde más de mil 600 millones de niños en países en desarrollo han estado fuera de la escuela, lo que implica una pérdida potencial dehasta 10 mil millones de dólares en ingresos de por vida para estos estudiantes, a lo que se suma que la violencia de género va en aumento. y es probable que las tasas de mortalidad infantil aumenten significativamente.

Indicó que estos reveses implican un impacto a largo plazo en la productividad, el crecimiento de los ingresos y la cohesión social, razón por la cual se está haciendo todo lo posible para impulsar la salud y la educación en los países en desarrollo.

Carga de la deuda

En este contexto, para el organismo mundial es imperante ayudar a los países más pobres a reducir permanentemente la carga de su deuda y atraer inversiones efectivas, lo que requerirá una transparencia mucho mayor de la deuda y la inversión.

Explicó que una combinación de factores ha llevado a un endeudamiento excesivo en países donde no hay margen de error, y si bien 44 países se estaban beneficiando de un alivio de la deuda, queda mucho por hacerse necesitan nuevas herramientas para reducir el volumen de la deuda de los países más pobres.

Asimismo, expuso el Banco Mundial, es necesario trabajar para alcanzar una recuperación inclusiva y resiliente y un paso clave para generar una recuperación sostenible será que las economías y las personas permitan el cambio y lo adopten, por lo que Los países deberán permitir que el capital, la mano de obra, las habilidades y la innovación se trasladen a un entorno empresarial diferente, posterior al covid-19.

Esto implica que los trabajadores y las empresas valoren el uso de sus habilidades e innovaciones de nuevas formas, y en un entorno comercial que probablemente dependa más de las conexiones electrónicas y menos de los viajes y los apretones de manos.

“Trabajando juntos, creo que podemos acortar la recesión y construir una base sólida para un modelo de prosperidad más duradero: uno que pueda elevar a todos los países y a todas las personas”, afirmó David Malpass.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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